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RW: Capítulo 94 - La destrucción no necesita una razón

Capítulo 94 - La destrucción no necesita una razón

 

La producción de artillería también estaba avanzando constantemente, la segunda ronda de producción de los cañones ya había entrado en la fase de perforación, mientras que la tercera ronda se encontraba todavía en la fase de recolección de material.

 

Si tiene suerte, Roland podría tener una magnifica alineación de 4/ 12 libras después de un mes. No había duda de su superioridad en términos de potencia de fuego. Pero la pregunta ahora era ¿Cómo podría convertir esta ventaja en una situación ganadora? Roland todavía estaba luchando por una respuesta a esto.

 

Antes de que él hubiera cruzado solo estaba trabajando como un perro mecánico, y al igual que para la mayoría de las otras personas en ese mundo, su comprensión de la guerra sólo había venido de historia, películas y juegos. Si era sólo una batalla con armas blancas, podría haber entregado el mando a Carter e Hacha de Hierro. Pero esta batalla no era las mismas que los dos habían luchado anteriormente, no había nadie que fuera capaz de entender estas nuevas armas calientes mejores que él.

 

Siendo ese el caso, sólo podía reunir los conocimiento que tenían y construir sus propios planes sobre esa base en adición a su conocimiento de una época posterior.

 

Para Asegurar su victoria, Roland dejó Fulmina viajara todos los días entre Ciudad Fronteriza y Fortaleza Longum Carmen. Por un lado, para observar las condiciones de la carretera, y por otro lado porque necesitaba calcular con precisión la distancia. Roland cree que la victoria en la guerra se construye sobre una base de información recopilada y cálculos antes de iniciar. Si se trataba de un desarrollo táctico, o la deducción de cada etapa de una batalla, o como recibir la victoria en una batalla estaba inseparablemente vinculada a esos dos puntos.

 

Roland, una vez más tomó las tuberías de un metro de longitud de hierro y los cien metros de cuerda de cáñamo que había hecho para determinar el rango de tiro de sus cañones. Luego fue a la zona de pruebas de artillería al oeste de la Ciudad Fronteriza y se midió con ellos una distancia de un kilómetro. Luego dejó volar a Fulmina esa distancia de manera que siempre lo haría en la misma cantidad de tiempo.

 

Cuando ella se había recordado hábilmente la cantidad exacta de magia que podía utilizar, Roland comenzó a medir la distancia entre la Fortaleza Longum Carmen y Ciudad Fronteriza. Utilizando un reloj de sol para medir el tiempo que necesitaba para un viaje de ida y vuelta, él había calculado la distancia entre los dos lugares era de alrededor de 55 kilómetros.

 

Por supuesto, esta fue la distancia lineal entre los dos puntos. De hecho, si se viaja por tierra necesitarías tomar dos grandes curvas con el fin de evitar cruzar la falda de la Cordillera infranqueable. Así, que en el caso de que el duque eligiera atacar por tierra, necesitaría por lo menos tres días para llegar a la Ciudad Fronteriza.

 

Con Fulmina como una exploradora, Roland sería capaz de tener siempre una idea clara donde estaba el enemigo y lo que tenía que hacer.

 

Dentro del rango de dos kilómetro

 

Al oeste de la frontera de la Ciudad Fronteriza, él había insertado muchas banderas de señales para indicar la distancia, por lo que si el enemigo entró en esa área su artillería podría ajustar rápidamente el ángulo de boca sin necesidad de disparar un tiro de prueba.

Ahora empezó a preocuparse de qué hacer si la otra parte no comienza un ataque.

 

En este momento, un sonido de golpes provino de la puerta.

 

Ruiseñor, que había estado perdiendo el tiempo en el sofá, masticando rodajas de pescado, se desvaneció. Observando eso, Roland tosió dos veces, y dijo: “Adelante.”

 

La puerta se abrió y su Viceministro Barov intervino, “Su Majestad, un miembro de la aristocracia de la Fortaleza Longum Carmen quiere verte.”

 

“¿Quién?” Preguntó Rolando sólo para preguntar directamente, una vez más, “¿Enviaron a ese embajador de nuevo?”

 

“No, no es el embajador,” Barov sacudió la cabeza, “Es uno de los nobles que se fueron antes del comienzo de los meses de demonios, Barón Cornelius, que ha vuelto ahora.”

 

Roland tuvo que pensar un momento hasta que recordó que, efectivamente, había nobles que viven en la Ciudad Fronteriza que habían escapado a la fortaleza. ¿Pero ahora se atreven a volver? Regresan de inmediato cuando inicia la primavera. ¿No respetan la ley real? “¿Por qué quiere verme?”

 

“Durante la construcción de la pared, su casa fue demolida”, dijo el asistente del tesorero. “Si no desea recibirlo, lo podría enviar de regreso.”

 

Roland quería que se lo llevaran con todo y oferta, pero luego cambió de opinión, “Que el Barón me espere en la sala.”

 

Tal vez a través de él, Roland podría poner un poco de presión sobre la Fortaleza Longum Carmen, al menos, esto era algo que le gustaría que pasara.

 

Después de perder el tiempo por alrededor de media hora, Roland entró tranquilamente en la sala. Después de llegar vio a un hombre con un vientre muy redondo con impaciencia esperando por mucho tiempo a lado de la larga mesa. Mientras que el hombre inquieto caminaba arriba y abajo, las capas adicionales de carne en su cara balanceaban de acuerdo con sus pasos. Al ver que su alteza había aparecido por fin, el Barón detuvo su caminar y de mala gana pasó por la ceremonia del saludo real.

 

“Siéntate.” Roland se acercó a la mesa y se colocó en su asiento. De acuerdo con sus hábitos usuales, incluso si no era el momento para la cena, el dejaría que su cocina al menos preparar un postre, pero hoy ni siquiera los dejo que preparan el té.

 

“Su Alteza, el Príncipe.” Murmuró Cornelius, y empezó a hablar incluso antes de que se sentara, “¿Cómo pudiste dejar que ese estúpido cantero tirara mi casa? Esa era todavía una buena casa. Desde el parapeto, hasta los troncos utilizados para la viga de la columna del techo también eran de la mejor calidad. Cuando hizo construir el muro, tuve que gastar más de un centenar de… No, ¡Ciento cincuenta Reales de oro!” Mientras hablaba el agitó sus manos haciendo señas.

 

Ciento cincuenta, al oír esto Roland tuvieron que utilizar mucha fuerza para reprimir la risa. Si todavía era el Príncipe de antes, cuando miraba a través de los viejos recuerdos, tal vez yo realmente hubiera creído eso. Pero ahora… “¿Quieres decir que la casa situada más lejos del oeste?”

 

“Bueno,” dijo Cornelio mientras asentía, “Fue una gran mansión, sólo superada por la del Barón Simón.”

 

“Es una lástima, que se encuentra demasiado cerca de la pared, y había obstaculizado el paso de mis hombres,” dijo Roland, después de parar por un momento y luego continuó, “pero el Ayuntamiento ya había decidido sobre la indemnización.”

 

“¿Cuánto cuesta…?”

 

Roland extendió dos dedos, “20 Reales de oro.”

 

“¡Eso es muy poco! Su Alteza Real…” Gritó Cornelio mientras escupía saliva en todas partes. Con el tiempo, se calmó. Luego sacó su pañuelo y se limpió el sudor de la frente. “Bueno, 20, 20 Reales de oro, ¿Dónde debo ir a buscar el dinero?”

 

“¿Cómo?” Roland se puso una mirada perpleja. “El dinero ya ha sido pagado al propietario de la casa.”

 

“¿Qué? Espera, espera… ¡Yo soy el dueño de esa mansión!”

 

“No es usted. Es Blair, el capitán de mi segunda milicia.”

 

“¿Quién es?” Preguntó una vez más el Barón en voz alta, “¡Su Majestad, usted está equivocado, yo soy el dueño de la casa!”

 

“Pero yo no te vi durante el invierno,” Roland recogió su frente, “¿Cómo entonces puede esa casa ser suya?”

 

“Por supuesto que no estaba allí; Volví a la Fortaleza Longum Carmen.¡¿Quién se quedaría en este lugar abandonado por Dios, este lugar sólo es capaz de ser utilizado como una zona de alimentación para las bestias demoníacas?!”

 

“Así que quieres decir que huiste porque temías las bestias demoníacas. ¿Y usted todavía tiene la cara para llamarse a sí mismo Señor?” Preguntó Roland.

 

“Yo…” el Barón de se sorprendió repentinamente y no sabía cómo responder.

 

“Guardias,” Roland aplaudió las manos, e inmediatamente dos guardias entraron en la sala, sosteniendo a Cornelio entre ellos.

 

“Hola estamos en el Palacio, ¡¿Qué quiere decir con esto?!”

 

“Muy simple, ahora tiene dos opciones,” Roland se levantó del asiento y dijo con una mirada fría a Cornelius, “En primer lugar, admite que te has equivocado, que la casa no te pertenece. Y entonces puedo ver lo que paso hace un momento como nada más que una farsa. Su segunda opción es admitir que, durante los meses de los demonios, usted traiciono a su Señor, huyendo de la batalla sin el permiso de tu Señor, vergonzosamente escapando a Fortaleza Longum Carmen. Si usted toma esta opción, voy a ponerlo en prisión por deserción, donde esperaras el día de tu ahorcamiento. ¿Cuál eliges?”

 

El sudor que brotaba de la frente de Cornelius no se detuvo, se tragó de miedo, dudó un momento antes de que él se estremeció: “Su Majestad, yo… cometí un error, esa no era mi casa.”

 

“Así que todo esto era un malentendido,” Roland se encogió de hombros, y luego dijo a los guardias: “Envía al Barón en su camino.”

 

Cuando Cornelio casi iba a través de la puerta, el príncipe le detuvo una vez más: “Correcto, ¿Cuándo usted tome el barco de vuelta a la Fortaleza Longum Carmen puede entregar un mensaje por favor? Diles a los que… Ah, que tienen tal vez el mismo malentendido cómo usted, en caso de que no quieran elegir la segunda opción, no necesitan perder su tiempo viniendo a la Ciudad Fronteriza.

 

“Todo lo que quieras, Alteza.” Dijo Cornelio con una sonrisa forzada, dejando la habitación. Pero el momento en que se dio la vuelta, Roland pudo ver cómo su homólogo estaba rechinando los dientes.

 

De esta manera, tendría que haber creado un alboroto lo suficiente grande dentro de la Fortaleza Longum Carmen, ¿Verdad? Rolando pensó.

 

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Traducido por carlosdaniel1990

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