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TOOAH: Capítulo 10: El Sabio y Olvidadizo Herrero


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TOOAH: Capítulo 10: El Sabio y Olvidadizo Herrero

 

Cuando todos salieron del pozo en la era Sengoku, al olfato de Inuyasha de inmediato le asaltó un olor conocido. Un olor que detestaba y que sentía que andaba cerca, pero no hizo ningún comentario porque a Kagome no le gustaría. Ichigo y Orihime también debían sentir algo porque estaban atentos mirando a su alrededor, concentrados en distinguir aquella energía que de seguro notaban. Y Urahara definitivamente lo sentía, pues él y el gato miraban entre los árboles, en la dirección que Inuyasha sabía que estaba el dueño del olor.

 

—Antes de que me pregunten, ese Youki le pertenece a Sesshomaru.

 

—¿Tu hermano está aquí? —le preguntó Ichigo a Inuyasha, sorprendido.

 

—Así parece.

 

—No empieces una pelea, Inuyasha —le advirtió Kagome.

 

—¡Keh! Sabes que hace tiempo que ese idiota y yo no nos peleamos —le respondió Inuyasha, mientras Kagome movía la cabeza de un lado a otro y Orihime trataba de encontrar la figura de Sesshomaru entre los árboles.

 

Sin haber podido ver a Sesshomaru, los demás siguieron a Inuyasha hacia la aldea de la anciana Kaede. Urahara miraba maravillado a los aldeanos, feliz de haber podido comprobar que efectivamente le era permitido el viaje al pasado. Observaba todo con interés, por las costumbres tan antiguas que tenían los japoneses de entonces, además de lo antiguo en sus atuendos, sabiendo que para los nativos seguramente los extraños serían él y sus acompañantes. Ni Kagome ni Orihime se habían cambiado sus modernas ropas y también llamaban la atención y atraían las miradas como imanes. Al menos Orihime lo hacía, por su atuendo y su figura, mientras que a Kagome la saludaban todos con algo de veneración. Llegaron a casa de la anciana Kaede que los recibió con alegría y vieron que estaba con Miroku, Sango, y sus tres hijos; reunidos como siempre en su casa.

 

—Vinimos a verla hace rato, cuando notamos que el pozo se llenaba otra vez de presencias desconocidas —les contó Miroku, luego que le presentaran a Urahara y al 'gato parlante'—. Supusimos que serían ustedes, porque sus presencias no eran agresivas.

 

—Sí. Les he hecho traerme para hacer algo muy importante —le respondió Urahara con amabilidad, tapándose parte de la cara con su abanico.

 

—¡Keh!

 

—Inuyasha, parece que te has divertido —observó la anciana Kaede, mirándolo y a su usual pose de despreocupación, cuando este ya estaba recostado sobre el suelo.

 

—Así fue, Kaede-obaachan —le respondió Kagome sonriendo, y ocasionando que Inuyasha gruña y les diera la espalda—. ¿Dónde está Shippou-chan?

 

—Regresó a su escuela —respondió Sango, con sus gemelas en brazos como siempre.

 

—También vino Kohaku a ver a Rin, pero ya se fue —añadió Miroku, con su crio restante en brazos.

 

—¿Se llevó a Kirara con él? —preguntó Inuyasha.

 

—Sí. ¿Por qué lo preguntas?

 

—Es que quería presentársela a este gato parlante —respondió Inuyasha, mientras el gato se le trepaba al hombro.

 

—Ni hablar, será en otra ocasión —le dijo el gato, divertido con la ingenuidad de Inuyasha.

 

Como habían regresado a la era Sengoku con Urahara para hacer algo específico, se despidieron de Miroku y los demás y salieron de la aldea otra vez, en dirección a la cueva de Totosai. No se habían alejado mucho de la aldea, y mientras caminaban por el bosque Inuyasha comenzó a gruñir en voz baja, mientras los demás notaban el Youki más poderoso que habían sentido hasta ese momento. Y en un claro del interminable bosque que tenían que cruzar encontraron a un hombre bien parecido. Parado junto a un árbol, él tenía largo cabello plateado, tan largo que casi podría arrastrarlo por el suelo. Vestía una armadura antigua y magnífica sobre un kimono blanco y tenía una especie de tatuajes en la cara y la frente; llevaba una enorme estola en el hombro derecho que arrastraba por el suelo, y dos espadas sujetas en el obi. Él hablaba con una niña de doce años que estaba sentada en la rama de un árbol a la altura de aquél hombre, y la niña tenía un kimono doblado, de vistosos colores, sobre sus piernas. La niña era Rin y todos la reconocieron en el acto, menos Urahara y el gato. Orihime y Kagome suspiraron con la ilusión patente en sus ojos, a pesar de lo extraño que debería verse para alguien sensato el que una niña le sonriera con tanta devoción a un hombre mayor. Pero él no parecía incómodo, sino que respondía a todo lo que la niña alegremente le parloteaba, hasta que los miró llegar.

 

—Onii-san, buenos días —lo saludó Kagome. Como siempre que lo llamaba "Onii-san" sin su consentimiento, Sesshomaru e Inuyasha fruncieron el ceño—. Hola. Rin-chan.

 

Sesshomaru hizo un ruido con la boca. Inuyasha ni lo miró al pasar. Todos los demás lo veían con curiosidad.

 

—¡Hola, Kagome-sama! ¿Recién regresaron? —le respondió Rin alegremente, moviendo las piernas que colgaban sobre su rama.

 

—Acabamos de llegar.

 

Sesshomaru los estaba mirando a todos con una intensidad que los incomodaba. Desde Urahara con su atuendo verde y el gato al hombro, hasta Ichigo y Orihime, con los colores de sus cabellos.

 

—Te has hecho nuevos amigos, Inuyasha —comentó Sesshomaru, burlón.

 

—¿Tienes algo qué decir al respecto?

 

Sesshomaru no dijo nada más, viéndolos a todos de uno en uno una vez más. Ninguno le llamó la atención más que por el color de sus cabellos o el tamaño de los atributos de la chica, pero ninguno le interesaba en absoluto.

 

—Si no tienes nada más que hacer, desaparece —le dijo a Inuyasha.

 

—¡Keh!

 

Inuyasha y los demás comenzaron a alejarse. Las chicas se despidieron de Rin al pasar por su lado. Urahara se moría por conocer el poder del Youki de Sesshomaru y el de sus dos katanas, y se alejaba de allí algo desilusionado por no poder comprobarlo. ¿Serían tan poderosas como la espada de Inuyasha? ¿Una de ellas sería la legendaria espada celestial? En ese momento no podría saberlo, aunque la curiosidad lo estuviera matando.

 

—Ese imbécil no ha cambiado nada.

 

—Tú tampoco, Inuyasha —le respondió Kagome, caminando a su lado.

 

—El que comienza es él.

 

—Y tú le sigues el juego.

 

—Bah…

 

Luego que terminaran de discutir, decidieron que podían acelerar el paso, por lo que Kagome se subió a espaldas de Inuyasha y Orihime a la de Ichigo para poder llegar a la guarida de Totosai más rápidamente. Inuyasha no creía que Urahara fuese tan rápido, pero se llevó una sorpresa cuando los alcanzó como si nada y se mantuvo corriendo a su ritmo. Al anochecer llegaron a un claro como era su costumbre, cazaron algo y encendieron un fuego. Cenaron con apetito pues no habían almorzado ni comido nada casi desde que salieron de Kabukichou en la era moderna. Durmieron con los sentidos atentos por si algún Oni o Youkai los atacaba de noche, pero no se asomó un alma en su campamento.

 

Al amanecer retomaron la marcha, y pronto llegaron al sitio donde vivía Totosai. Era un viejo volcán con lava en todas partes, e Inuyasha no quería que Kagome entrara en un sitio tan peligroso, pero ella lo acalló con la mirada y se metió dentro de aquél infierno con él sin admitir réplicas. La guarida de Totosai era una cueva formada con el esqueleto de algún Youkai grande, era espaciosa y profunda, y dentro, durmiendo, estaba un hombre de edad avanzada con una burbuja en la nariz que crecía y se achicaba con cada exhalación.

 

—¡Totosai! ¡Despierta, carcamán! —exclamó Inuyasha, empujando al anciano con su pie en la cara.

 

—¡Buenos días! ¿Totosai-sama? —saludó Kagome, mirando con reprobación las maneras de Inuyasha.

 

Ichigo, Orihime, Urahara y Yoruichi miraban incrédulos cómo el viejo no se despertó hasta que Inuyasha lo agarró de las solapas y lo abofeteó en el rostro repetidas veces, haciendo que la burbuja de su nariz se reventara.

 

—¡Ouch! ¿Qué pasa?

 

—¡Despierta imbécil!

 

—Oh, tu voz me suena.

 

El viejo había abierto los ojos y los miraba a todos. Tenía los ojos enormes y estaba calvo en gran parte de la cabeza; un martillo enorme de herrero yacía a su lado y una vaca con tres ojos los miraba desde afuera de la cueva. Se había acercado a oír el barullo.

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—Estoy seguro que los he visto en alguna parte —les dijo el viejo a Inuyasha y Kagome, mientras el uno se enojaba y la otra sonreía.

 

—Son Inuyasha-sama y Kagome, Totosai —dijo una voz.

 

—Ah Myouga. Qué bueno que estés aquí —la reconoció Inuyasha. Estaba aliviado que Myouga estuviera allí para ayudarlo.

 

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¿Dónde estaba el dueño de la voz? Ichigo y los otros no lo supieron hasta que Inuyasha se golpeó con la palma abierta de su mano en el cuello, y de allí se deslizó, aplastada, una pulga hasta el suelo. La pulga se infló de nuevo y miró a Inuyasha desde abajo.

 

—Ha pasado tiempo, amo.

 

—Sí.

 

—¿Qué necesita de la vieja pulga Myouga? —preguntó la pulga más extraña que habían visto. Al parecer estaba feliz al tener a Inuyasha allí.

 

—En realidad nada. Vine a ver a Totosai.

 

—¡Ah! Ese soy yo. ¿Verdad?

 

Inuyasha le cruzó la cabeza a Totosai con un coscorrón. Y un cómico chichón le salió en la cabeza.

 

—No hace falta ser tan violento, Inuyasha —razonó Totosai, que al parecer había reconocido a Inuyasha con ese gesto.

 

—¡Tú te lo ganaste!

 

—Pero si yo no hice nada.

 

—Deja de ser tan sinvergüenza.

 

Los demás observaron divertidos los intercambios de esos dos, hasta que Inuyasha miró seriamente a Totosai.

 

—Necesito un favor.

 

—Luego de romperme la cabeza debo reconsiderar hacerte nunca más un favor —replicó Totosai, empujándose con los dedos su chichón hacia abajo.

 

—Calla, que es importante.

 

—Te escucho.

 

—¿Puede decirnos cómo forjó a Tessaiga? —se adelantó Urahara dando un paso adelante, luego que Inuyasha lo mirara para darle la palabra. Totosai lo miró de arriba abajo, y a todos los demás que estaban allí aparte de Inuyasha y Kagome. Pero no comentó nada sobre ellos al responder.

 

—No puedo.

 

—¿No puede? —A Urahara le estaba costando ocultar su decepción.

 

—Ni puedo, ni debo, ni quiero.

 

—¿Por qué?

 

—Todos a los que les enseñé el arte de forjar una Youtou usaron mal el conocimiento que les inculqué. Es un arte muy peligroso —dijo Totosai, rascándose la oreja y luego soplándose el dedo.

 

—No queremos el conocimiento para forjar otra, sino para saber cómo funciona esta —le dijo Urahara, señalando a Tessaiga.

 

—Ya dije que no.

 

—Pero…

 

—No.

 

—¿Al menos podría ayudarme a entender cómo funciona Tessaiga? —Urahara pensaba agotar todas las opciones para convencer al viejo herrero.

 

—No hay mucho qué entender —afirmó Totosai, rascándose la otra oreja—. Tessaiga es un arma hecha para proteger. Protegió a Izayoi-sama en su momento y hasta ahora ha protegido muy bien a Kagome. ¿Qué más hay que entender?

 

Lejos de aclararle las dudas a Urahara, eso lo confundió más. Él y los otros se sentaron alrededor de Totosai pues la cosa pintaba para largo.

 

—¿Cómo puede ser tan poderosa?

 

—Según lo poderoso que sea su portador —respondió Totosai, ahora hurgándose la nariz.

 

—¿Cómo puede la espada tener tantas técnicas? —volvió a preguntar Kisuke.

 

—Tessaiga sólo tiene dos.

 

—Tiene más. Inuyasha-san me lo dijo.

 

—Son las que le imbuyó Inuyasha con el tiempo —reconoció Totosai, mirando a Inuyasha, que bostezó al ser mencionado.

 

—¿Y son destructivas? —inquirió Urahara.

 

—Todas lo son.

 

En ese punto Totosai era como un libro abierto. Urahara no dudó ni un momento en aprovechar su ventaja.

 

—¿Y qué me dice del Meidou Zangetsu Ha?

 

—Esa técnica es de Shishinki —Respondió Totosai, pensativo.

 

—¿Quién?

 

—Ah no. Inu no Taisho se la quitó a Shishinki. Espera. Ahora es de Sesshomaru. Espera, que tienes razón. Tienes razón, ahora el Meidou Zangetsu Ha le pertenece a Inuyasha.

 

—¿Quién diablos es Inu no Taisho? —le preguntó Ichigo a Kagome, en voz baja.

 

—Era el padre de Inuyasha —le respondió Kagome, para que Orihime y el gato también la oyeran.

 

— ¿Y puede usarse para viajar por el tiempo y el espacio? —le preguntó Urahara, salivando antes de obtener su respuesta.

 

—¿A qué te refieres?

 

—Si el Meidou Zangetsu Ha serviría para ir al pasado o al futuro —explicó Urahara, eligiendo mejor sus palabras.

 

Al oír eso, al fin Totosai se puso serio. Fue como si hubiese despertado recién, luego de oír esas especificas palabras. Mientras que Ichigo y Orihime estaban sorprendidos con el carácter de aquel anciano, Inuyasha estaba aburrido y Kagome expectante.

 

—Sólo si Tessaiga obtiene las habilidades curativas de Tenseiga —pronunció Totosai, lentamente.

 

Entonces Inuyasha y Kagome se quedaron de piedra. La implicación de las palabras de Totosai debían ser un chiste, pero al pensarlo bien Totosai no bromearía con algo así. ¿Acaso Inuyasha debía quitarle a Sesshomaru lo último que le había legado su padre? Ichigo, Orihime y Yoruichi notaron de inmediato la incomodidad de Inuyasha y Kagome.

 

—Tenseiga… ¿Se refiere al Colmillo Sagrado? —siguió inquiriendo Urahara. Recordaba con emoción los informes y las leyendas de esa espada. Peligrosísima si era usada contra un Shinigami, dada su naturaleza.

 

—El mismo.

 

—¿Y cómo podría Inuyasha-san obtener esas habilidades?

 

—Inu no Taisho nos lo advirtió —intervino al fin la pulga Myouga, saltando en su sitio para reclamar la atención. A pesar de su tamaño, su ceño fruncido era evidente—. 'Jamás permitan que Tessaiga absorba a Tenseiga en su totalidad'. Sólo eso nos dijo la vez que nos instruyó que Tessaiga debía absorber la técnica del Meidou luego de que Sesshomaru-sama la perfeccionara.

 

—No fue muy elocuente —observó Ichigo, sin entender del todo la conversación.

 

—Por supuesto que no lo fue —respondió Myouga—. Si Tessaiga absorbiera el poder curativo de Tenseiga, podría devolver el ciclo del tiempo hacia atrás con el Meidou en sus profundidades. Y con su habilidad siendo sólo de Tessaiga podría ir hacia adelante. Más concretamente, si se juntaran las dos habilidades en la espada, esta le permitiría a su dueño ir hacia adelante o hacia atrás. Bien usada, la espada le permitiría a su dueño ir a donde tenga la obligación de ir.

 

—Y ahora mi obligación es detener a Naraku otra vez —dijo Inuyasha, que había estado callado por un rato.

 

Ahora, si todo ello era cierto, Inuyasha sí que tenía una difícil tarea por delante. Porque sabía que Sesshomaru no le daría a Tenseiga aunque él no la usara jamás y ni aunque Inuyasha se lo rogara de rodillas. La única forma de quitársela a Sesshomaru era en combate, pero ahora ese cabrón tenía a Bakusaiga, la cual le haría las cosas dificilísimas a Inuyasha.

 

Kagome sabía lo que Inuyasha pensaba, y más preocupada que nunca lo abrazó por detrás. Los demás podían sentir la desesperanza de la chica y la preocupación de Inuyasha pero no dijeron nada.

 

—Dijiste que irá donde tenga la obligación de ir —siguió Urahara—. ¿Eso significa que no irá a donde quiera su portador?

 

—A eso justo me refiero —le respondió Myouga con abatimiento—. Los tiempos que ya han pasado y los que vendrán no deben alterarse bajo ningún concepto, y todo está dispuesto a ser por una razón. Nada de lo que ha pasado debe cambiarse.

 

—Pero si el portador de Tessaiga viaja al pasado es precisamente para poder cambiar algo. ¿O no?

 

—Pues no —intercedió Totosai otra vez—. Si el portador viajara al pasado sería porque viajando al pasado haría lo que está supuesto a hacer para establecer el futuro. Sólo sería lo esperado y que ciertamente ha ocurrido. No cambiaría ni alteraría nada.

 

—¿E Inuyasha-san debe viajar en el tiempo ahora? —preguntó Urahara para resumirlo todo. El punto al que habían llegado al fin.

 

—Inu no Taisho nos habló de eso también. Él y aquella despampanante mujer de cabello dorado, hace 200 años —recordó Myouga, pensativo en sus recuerdos.

 

—¿De cabello dorado?

 

Kagome recordó lo que Inuyasha le contó acerca la mujer que le quitó su Kotodama no Nenju, el rosario para poder dominarlo. A lo mejor sería sólo una coincidencia.

 

—Kagome, ¿Ustedes creen que…? –preguntó Inuyasha, mirando inseguro a las incrédulas caras de Ichigo, Orihime y Kagome. Kagome sabía que él estaba pensando lo mismo que ellos.

 

—¿Qué pasa? —preguntó el gato, mientras Urahara, Myouga y Totosai los miraban confundidos.

 

—Hace unos días conocí a una mujer con esa descripción. Puede ser sólo una coincidencia, pero ella me quitó mi collar de kotodamas y lo arrojó al interior del Meidou —recordó Inuyasha. Lo recordaba a la perfección. Y también a aquella extraña y hermosa mujer.

 

Sus revelaciones habían sorprendido a Totosai. Y a Myouga también por las cómicas expresiones que mostraban.

 

—Antes que nacieras —empezó Totosai—, y antes que tu padre luchara contra Ryuukotsusei, nos reunimos para discutir el futuro de sus espadas. Allí también estaba Saya, la vaina de Sounga —recordó Totosai, haciendo más confusión y aclarando otras cosas en las mentes de los visitantes—. Inu no Taisho fue a la reunión acompañado de una mujer hermosísima, que no era ni Youkai ni ningún espíritu. Ella no fue allí como su amante, así que no pongas esa cara —le dijo Totosai, viendo la molestia en el rostro de Inuyasha al oír lo que hacía su padre en el pasado—. Siendo honesto y si te lo pusiera claro, me atrevería a decir que de quien esa mujer estaba enamorada hasta el tuétano era de ti.

 

—¿¡QUÉ!?

 

Habían sido Kagome, Ichigo y Orihime los que gritaron, mientras Inuyasha se encogía de puro miedo por el susto de su reacción. Totosai y los restantes los miraron con curiosidad.

 

—No es tan malo. Inu no Taisho pudo tener muchas mujeres si lo hubiera querido y hubiera sido sólo lo normal. Pero el amo sólo amó a la madre de Sesshomaru y a Izayoi-sama —aclaró Totosai inocentemente, pero el puño de Ichigo y el de Kagome se hundió en su cabeza.

 

—¡Totosai-sama, es usted un tonto! —exclamó Kagome, dándole a Totosai una mirada asesina.

 

—¡Viejo verde! ¡Estos ya son otros tiempos! —exclamó Ichigo, de alguna manera molesto por la insinuación de Totosai.

 

—A mí me parecen los mismos tiempos que en ese entonces —replicó Totosai desde el suelo, rascándose la oreja otra vez, mientras otros dos chichones le surgían en la cabeza.

 

—¡Cállate!

 

—Por favor, siga con la historia —pidió Urahara con cautela, casi viendo cómo Ichigo y Kagome escupían fuego.

 

Totosai sacó la cabeza del piso y con los dos nuevos chichones siguió hablando.

 

—Esa mujer estaba ilusionadísima con el nacimiento de Inuyasha. Ella le recomendó a Inu no Taisho muchas cosas que él ya planeaba hacer de todos modos con el hijo de Izayoi-sama, a quien él amaba tanto. La disposición de Tessaiga y Tenseiga, así como confinar a Sounga al pozo Come Huesos. Y… ¿Dices que te quitó ese collar sagrado que llevabas en el cuello, verdad? —le preguntó Totosai a Inuyasha.

 

Inuyasha asintió, cauteloso, con los sentidos alerta en dirección a Kagome.

 

—Pues esa mujer tenía una magatama muy parecida a una de las de tu collar. La llevaba colgada al cuello.

 

Entonces Kagome que perdió la paciencia. Volvió a estampar a Totosai contra el suelo a golpes, sin notarlo siquiera aplastó a Myouga, y agarró a cachetadas a Inuyasha, que no sabía cómo escapar a su suerte. Cuando Kagome se tranquilizó, los tres estaban medio enterrados en el duro suelo, mientras que los otros a su alrededor no se atrevían ni a respirar.

 

—Luego nos separamos, e Inu no Taisho fue al encuentro de Ryuukotsusei, donde fue herido de gravedad y luego fue a rescatarlos a tu madre y a ti de su principado —terminó Totosai, mirando a Inuyasha mientras ambos yacían en el suelo.

 

—Ya veo…

 

—¿Y ahora, Inuyasha-san debe obtener el poder de Tenseiga para poder usar el Meidou como método de transporte entre tiempos? —preguntó Urahara, para establecer la conexión con la historia de Totosai.

 

—No sólo entre tiempos —respondió Totosai incorporándose—, sino que el Meidou lo llevará a donde Inuyasha tenga que ir.

 

Totosai miró por fin a Urahara con intensidad, luego pasó la mirada por Kagome e Inuyasha, y luego examinó a Ichigo, Orihime y al gato desde donde estaba.

 

—¿Ustedes son Shinigami, verdad? —preguntó Totosai, aunque era obvio que ya lo sabía.

 

—Totosai, me sorprendes —le dijo Inuyasha, ya sentado de vuelta, con las piernas cruzadas—. ¿Cómo lo supiste a la primera?

 

—Porque los conozco, tonto. Y el que me dio el poder de Tenseiga me dijo cómo eran los Shinigami, y que también podría destruirlos con ella sólo agitándola contra ellos —respondió Totosai como si nada.

 

Ichigo y su grupo se congelaron al oír eso. ¿Una espada que podía matar Shinigamis? Había formas para matarlos, pero ninguna tan infalible como esa. Urahara se lo había estado sospechando, pues algo sabía de los increíbles poderes de Tenseiga.

 

—Se hacen llamar dioses de la muerte —siguió Totosai—. ¿Pero no se supone que un dios no puede morir? Un dios debería ser llamado como tal si, aunque lo ataques e intentes destruirlo, no muera, y cuya existencia y poder fueran absolutos. Quien me dio el poder de Tenseiga para ponerlo en Tessaiga la primera vez me lo dijo. Nadie en ninguna era debe ser llamado dios, porque nadie tiene esas características.

 

»Y también me habló del poder de Tessaiga, que si obtenía el Meidou y tuviera a Tenseiga en su interior no sólo viajaría por las diferentes eras, sino por las diferentes realidades que existen.

 

Otra vez Totosai los dejó perturbados con sus declaraciones. ¿No era esa la única realidad que existía? A lo mejor lo estaban malinterpretando.

 

—Cuando dice realidades… —siguió Urahara, tratando de armar el rompecabezas que la explicación de Totosai les había dejado.

 

—También puedes llamarlas dimensiones —le respondió Totosai, confirmando sus temores—. Otros sitios, en una tierra diferente y no me refiero al mundo de más allá de los mares. Otra dimensión que podría contenernos allí con otra realidad y otro modo de vida. Otros mundos.

 

—Mierda…

 

Inuyasha no había captado esa parte, pero Ichigo sí. Y estaba sobrecogido al pensar que Inuyasha tuviera que hacer algo así, un viaje interminable. Pero aun no podían confirmarlo, aún tenían esperanza en que tal viaje fuera sólo una suposición.

 

—Recientemente —continuó Urahara, ignorando a propósito el hecho que tanta información había debilitado moralmente a los demás—, alguien con un Reiatsu increíble se nos escapó, y vino a esta era a traer de vuelta a la Shikon no Tama. Lo logró, y también trajo con ella al demonio Naraku de vuelta a la vida.

 

—Ooohhh. Entonces el escenario donde, si ese alguien que se les escapó se mató o no se mató al enfrentarse con Naraku, el que se escaparan por el Meidou es una posibilidad —respondió Totosai, haciendo que Kagome y Orihime bajaran las cabezas. Los otros se preguntaban cómo lo sabría Totosai, cómo podría haber atado así los cabos que a ellos tanto les había costado.

 

—¡Viejo imbécil! ¡Mira lo que hiciste! —exclamó Ichigo.

 

—¿Y qué hice?

 

—¡Están tristes ahora!

 

—El no hizo nada… —le dijo Kagome a Inuyasha, mientras él se acercaba a Totosai crujiendo sus nudillos—. Seguramente Orihime-chan y yo pensamos que, si Aizen y Naraku usaron el Meidou juntos, el viaje que debes hacer para encontrarlos es un hecho.

 

La tristeza en el ambiente se cernía sobre ellos como la niebla.

 

—¡Oye! ¡No hagan algo como eso si no me he muerto aun! Ah… —empezó a protestar Inuyasha, pero Kagome se había arrojado hacia él y lo abrazaba en silencio. Inuyasha trató de calmarla abrazándola lo más fuerte que podía pero ella no dejaba de temblar.

 

—No te preocupes. Mira… ¡podrás acompañarme en el viaje!

 

—No, no podrá.

 

Esta vez Totosai no lo dijo con indiferencia, sino con un aire decididamente compungido. E Inuyasha supo que estaba diciendo la verdad. Kagome no podría acompañarlo esta vez. Inuyasha agachó la cabeza hasta posarla sobre la de Kagome.

 

—Kagome es humana. Una humana con grandes poderes, sin duda. Pero ella no soportaría el ambiente dentro del Meidou creado para llevarte a donde debas ir —explicó Totosai—. Ella moriría con el simple contacto con la atmósfera interna del Meidou, sólo entrando en él.

 

Kagome se había sobrecogido y aferrado más aun a la túnica de Inuyasha. Este dedujo bien la preocupación que ella sentía por él al oír esas palabras.

 

—Diablos. Pero yo sí que podré resistirlo —dijo Inuyasha para tranquilizarla.

 

—Tampoco tú podrás.

 

Todos miraron a Totosai, incluidas las llorosas chicas. Inuyasha moriría si intentaba cruzar el Meidou.

 

—¿Y yo?

 

Ichigo había pronunciado esas palabras por sobre la cabeza de Orihime, que ahora lo miraba con incredulidad. E Inuyasha lo miró de forma parecida.

 

—¿Tú? ¿Qué pintas tú aquí?

 

—Si eres un Shinigami de nivel Capitán, no creo que no puedas —le dijo Totosai, sacándose más cerilla del oído con un dedo.

 

—Mierda, ¿cuánto es que sabes carcamán? —le preguntó Inuyasha, con voz alegre, tratando que Kagome sonriera e ignorando por ese momento las palabras de Ichigo. Pero Kagome no parecía querer soltar pronto a Inuyasha.

 

—Pues, he visto de todo en mi vida —respondió Totosai.

 

Trataron de calmar a Kagome y Orihime, que se veían desconsoladas. Orihime no podía dejar que Ichigo se le fuera así como así. Ese viaje era peligroso, y si ella no estaba con él para cuidarlo y curar sus heridas que de seguro tendría, ella se volvería loca.

 

—¡Pero el Meidou es mi técnica! Debo ir yo —protestaba Inuyasha.

 

—No puedes —insistió Totosai.

 

—Debe haber alguna manera.

 

—Sólo hay una.

 

—¿Cuál?

 

—No sé.

 

—¡Cabrón!

 

Inuyasha pateó cada centímetro de Totosai que podía alcanzar, con Kagome todavía aferrada a él. Y cuando se cansó, Myouga le habló algo acobardado de recibir un castigo similar.

 

—Inuyasha-sama. El amo nos advirtió de no permitir que Tessaiga y Tenseiga se unieran otra vez. Nos dijo que usted no podría con ese poder. Escuche nuestras razones por favor.

 

—No.

 

—Inuyasha-sama…

 

—¡Dije que no!

 

—Si tanto te quieres morir… —le dijo Totosai desde el suelo—. Debes ir a donde pertenecen estos Shinigami —añadió señalando a Ichigo, Urahara y Yoruichi.

 

'¿También el gato es un Shinigami?' pensó Inuyasha, confundido al ver que Totosai señalaba también al gato.

 

—¿Debo ir a la sociedad… o como sea que la llamen?

 

—Debes ir allí y hacer que tu Youki te ayude a resistir el Reiatsu de cinco capitanes al mismo tiempo —explicó Totosai, sorprendiendo a todos—. Si sobrevives, entonces creo que podrás aguantar a la nueva Tessaiga y sus poderes, y también el ambiente del interior del Meidou, sin enloquecer ni morir.

 

—Bien. Me encargaré de ello —dijo Urahara inmediatamente, mirando a Inuyasha, que le mostró su aprobación asintiendo.

 

Mientras tanto Kagome y Orihime no podían verle ningún lado divertido a la situación. Orihime no podía pensar en una manera de detener a Ichigo, porque sabía que nada lo detendría en su búsqueda de Aizen, que estaba implicado en esa situación. Era desesperante para ella, pues sabía que si Kagome no podría con la atmosfera al interior del Meidou, entonces Orihime tampoco podría.

 

Y Kagome no concebía separarse de Inuyasha otra vez. Si tres años había sido demasiado para sus fuerzas, no podía permitirse estar separada de él de nuevo. La primera fase de aquél disparate empezaría en la Sociedad de Almas, donde ya estaba establecido que Inuyasha debería enfrentarse al reiatsu de cinco desconocidos. Ella había sentido los reiatsus de Toushiro y Mayuri cuando los conoció, y eran algo muy pesado. Cinco serían terribles y más si le caían a Inuyasha al mismo tiempo.

 

—Bien, creo que por ahora es todo, Totosai-sama —le dijo Urahara a Totosai, mirándolo con respeto—. Su ayuda ha sido invaluable.

 

—Pero si no recuerdo nada del asunto.

 

Se despidieron de Totosai y Myouga, y salieron de la cueva. Al llegar al bosque cercano Ichigo e Inuyasha tomaron direcciones diferentes, y ya alejados se sentaron con Orihime y Kagome donde pudieron. Estaban siendo vistos de cerca por Urahara y Yoruichi, que decidieron darles su espacio por un rato luego de recibir tantas cosas en las qué pensar.

 

—Kagome…

 

Kagome sabía que estaba siendo egoísta, pero no podía evitarlo.

 

—Tienes que escucharme —siguió insistiendo Inuyasha.

 

Ella no lo estaba mirando. Sólo estaba con la vista perdida al frente mientras estaba sentada al lado de Inuyasha. Él le buscaba la mirada, pero ella no lo miró desde que se sentaran en aquél lugar.

 

—Por favor —entonces Kagome levantó la vista. Inuyasha tenía los ojos cubiertos por su plateado flequillo salvaje, y temblaba ligeramente. Pero no estaba llorando. Llorar no le era tan fácil—. Es de Naraku de quien hablamos. Si tiene el poder para viajar por donde le dé la gana, con la Perla de su lado y el cabrón de Aizen de posible secuaz, no podemos esperar nada bueno. Y… se trata de algo muy personal. Es mi deber detenerlo.

 

—Lo sé —musitó Kagome, destrozada por la tristeza con la que Inuyasha le había hablado. Él sólo la miró, sabiendo que no bastaban las palabras para exponer lo mal que se sentía por ponerla así.

 

En otro sitio no muy lejos de Inuyasha, Ichigo la estaba pasando tan mal como él.

 

Orihime no decía una palabra, pero Ichigo tampoco había intentado decir nada. Él sabía que ella lo entendía y que al mismo tiempo no. Ichigo tenía el deber de encontrar y detener a Aizen, pero si ya no estaba en ese país o por lo menos en ese mundo, ya no era su problema. Pero Ichigo sabía que ella no pensaba así. Sabía que ella era consciente de que él no se detendría hasta encontrar a Aizen, y que no le relegaría la tarea de lidiar con el problema a ningún inocente que se encontrara en el camino de esos dos infelices.

 

Por eso Orihime sabía que Ichigo debía partir junto a Inuyasha. Y que ella, al igual que Kagome, no podría acompañarlos a ese lugar. Pero saber todo eso era justo lo que la lastimaba tanto, pues no esperaba menos de ninguno de ellos.

 

Cuando volvieron a la aldea, Inuyasha dejó a la cansada Kagome en su propia casa junto a sus visitantes, y partió de inmediato a buscar a Sesshomaru. Sabía que lo tenía que hacer en algún momento y mientras más rápido se librara del origen de sus tribulaciones más rápido podría regresar con Kagome.

 

—Rin. ¿Dónde está Sesshomaru?

 

Al salir de la aldea otra vez, Inuyasha rastreó a Rin que estaba cerca y le preguntó el paradero de su medio hermano.

 

—Mi amo se marchó poco después que nos vimos en el bosque —le explicó Rin, extrañada que Inuyasha le preguntara por Sesshomaru si jamás le había importado antes dónde estuviera—. ¿Necesita a mi amo para algo?

 

—Sí.

 

Ante la confundida mirada de Rin, Inuyasha salió disparado de allí, buscando el olor inconfundible del aristocrático Youkai que era su hermano. Y tan concentrado estaba en ello que casi no notó la presencia que lo seguía de cerca.

 

—Deberías salir ya, que no jugamos a las escondidas —le dijo Inuyasha aburrido a Ichigo, que lo alcanzó de un salto.

 

—Pensaba darte apoyo por si tu hermano limpiaba el suelo contigo —fue la excusa que Ichigo le dio al llegar junto a Inuyasha.

 

—¡Keh!

 

Inuyasha no dijo nada más. Pero pensaba un montón de cosas sobre la participación de Ichigo en aquella situación. Aun no lo había aceptado ni pensaba hacerlo por razones de orgullo. Ya se lo haría saber a Ichigo. Pero muy en su interior Inuyasha sabía que Ichigo no aceptaría un no a su insistencia de ir en aquél viaje. Sería porque eran muy parecidos.

 

Llevaban buscando a Sesshomaru tres días, en que se sobrecogían al pensar lo que Kagome y Orihime harían y pensarían antes de su regreso a la aldea. Era algo bueno pensar en ello y apartar un poco sus mentes de lo que tenían delante. El tercer día de búsqueda fue cuando por fin el olor de Sesshomaru le llegó a Inuyasha con mayor intensidad e Ichigo sintió al fin su presencia letal.

 

Apresuraron el paso y se escondieron en la maleza cercana de donde estaba Sesshomaru. Pero para desgracia de Inuyasha e Ichigo, Sesshomaru no era ningún estúpido.

 

 

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