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TOOAH: Capitulo 09 - El Científico Sonriente

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TOOAH: Capitulo 09 - El Científico Sonriente

Antes de bajar por la trampilla que estaba en el suelo dentro del edificio, que era lo suficientemente ancha para que todos descendieran por ella de uno en uno por la escalera de mano, Urahara los precedió descendiendo primero a lo que sería un sótano debajo. Cuando llegó al iluminado piso de abajo, Inuyasha sólo dio un paso en la boca de la trampilla y cayó detrás de él sin molestarse en usar la escalera. Luego Ichigo bajó, seguido de Orihime y Kagome. Mientras Ichigo bajaba por la escalera de mano, no se atrevía a mirar hacia arriba y ver cómo las chicas bajaban sobre él, pues una llevaba una falda y la otra un vestido, ambos muy cortos y que ofrecían una brillante perspectiva desde su posición. Maldiciendo su suerte, Ichigo continuó el descenso con la vista en cada peldaño de madera de los que se sujetaba.

Dentro Inuyasha ya miraba sorprendido el sitio que se desplegaba hasta muy lejos. Estaba iluminado con un falso cielo azul en donde debería estar el techo, el cual estaba a gran altura. El terreno asemejaba a un cálido desierto con erosión y arena real. Ichigo y Orihime no se sorprendieron cuando terminaron su descenso pues habían estado antes en sitios similares construidos por Urahara, pero Kagome se quedó con la boca abierta al verlo en toda su extensión.

—¿Éste sitio está debajo de Kabukichou? —preguntó Kagome sorprendida, mirando alrededor.

—No es el mejor sitio para poner algún negocio que se precie de ser honesto y normal, pero precisamente por eso podría ser el último lugar en que alguien te buscaría, ¿O no? —le respondió Urahara con alegría, mientras Inuyasha silbaba y se acercaba a Kagome a comprobar que estuviera bien con el larguísimo descenso.

—Acá abajo no hace tanto calor como arriba —observó, mientras la inspeccionaba con la mirada.

—También me encargué de ello la primera vez —dijo Urahara, sonriendo detrás de su abanico con orgullo.

—¿Qué haremos aquí? —le preguntó Ichigo a Urahara. No tenía ni idea de lo que podrían hacer allí. ¿Entrenar tal vez?

—Dado que este es el sitio más cercano a sus actuales viviendas, me pareció correcto que aquí veamos los siguientes cursos de acción —le respondió a su vez Kisuke—. Observaremos las anormalidades que se presenten en Tokyo. Y además es idóneo para observar el Meidou Zangetsu Ha de Inuyasha-san.

Cuando Urahara dijo eso todos captaron que ésa era la principal y posiblemente única razón por la que estaban allí.

Se pusieron a ver los alrededores. El sitio era muy espacioso, tanto que les parecía que se extendía hasta donde les llegaba la vista en el horizonte al fondo.

—¿Quieren ver hasta dónde llega? —les ofreció Kagome alegremente a Inuyasha, Ichigo y Orihime.

Ichigo sonrió cuando sacó su pase Shinigami y lo presionó sobre su pecho. Su cuerpo cayó al suelo e Ichigo vio cómo Inuyasha se agachaba para que Kagome se subiese a su espalda. Haciendo acopio de valor, Ichigo pensó en tomar una iniciativa esta vez.

—Inoue… —llamó Ichigo a Orihime, al tiempo que se agachaba de manera similar a como Inuyasha había hecho para que Kagome se subiera en su espalda—. ¿Vamos?

Orihime lo miró sonrojada y radiante y, subiéndose rápido a la espalda de Ichigo, vio que Kagome e Inuyasha los miraban sonrientes, la una ya subida y bien sujeta sobre el otro. Ichigo se aseguró de sostener firmemente a Orihime, y a tratar de contener la avalancha de sensaciones que le provocaban sentirla tan cerca de él, tan impunemente.

—Qué dramáticos son —se burló Inuyasha.

—¡Bah! —le respondió Ichigo, pero le era imposible ocultar su sonrojo. Suponía que Orihime lo estaría pasando igual que él.

Kagome sólo le sonrió a Orihime con alegría desde la espalda de Inuyasha. Orihime le retornó la sonrisa con júbilo y algo de pena. En tanto, Inuyasha e Ichigo se miraban con el desafío claro en los ojos, y al notarlo las chicas se temieron lo peor. Se suponía que sería un pacífico y tranquilo viaje de exploración o eso habían creído ellas. Sin decir una palabra, ambos chicos se lanzaron hacia el final del enorme ambiente en el que estaban a toda velocidad, ante la vista de Urahara, que se quedó preparando sus artefactos en el lugar de descenso. Ichigo e Inuyasha estaban casi igualados al correr, pero en la euforia de la carrera ellos no contaban con la inercia, la gravedad y otros factores. Como el que, con el aire cortado con su paso a través de él, producirían efectos en sus acompañantes. Efectos que por alguna razón jamás habían notado antes en situaciones parecidas. Cuando se adelantaban el uno al otro, el uno terminaba viendo sin querer el efecto del viento sobre la falda o el vestido de su amiga montada en la espalda del otro. Y las reacciones eran variadas. Cuando Ichigo junto a Orihime se veían rebasados por Inuyasha y los miraban a él y a Kagome por detrás, no podían evitar ver el vestido de Kagome elevado por el viento, e Ichigo por poco no se tropieza al correr y saltar ante semejante vista. Sólo la voz apenada de Orihime lo mantenía firme. Cuando Ichigo lograba pasar a Inuyasha, a este le pasaba diferente: miraba sin ningún pudor la ondeante falda de Orihime, mientras Kagome lo molía a golpes por detrás. Pero es que a Inuyasha no le afectaba el asunto de manera particular, aunque las dos chicas sí que le parecían unas descuidadas por vestirse de esa manera y luego quejarse.

Luego de un rato llegaron al final del sitio, que era una pared simple y de color azul cielo, confirmándoles que el cielo de arriba era falso. Vieron hacia atrás y vieron que estaban muy lejos de Urahara, a quien ya no veían y habían dejado haciendo los preparativos para ese día.

—Pobre Kisuke, lo dejamos solo —dijo el gato, al tiempo que asomaba su negra y peluda cabeza de entre Kagome e Inuyasha.

—¿Cuándo fue que…?

Ninguno notó en qué momento el escurridizo gato se les había colado en medio. El gato también era muy misterioso. A ratos se podía notar el hecho cuando este, aparte de hablar, también hacía cosas tan inverosímiles como colarse entre ellos, sin ser detectado.

Luego que Inuyasha y Kagome admiraran el lugar, y lo mucho que se asemejaba a estar en un desierto de verdad, regresaron con Urahara, esta vez haciendo que Ichigo e Inuyasha sujetaran los pliegues de las bailantes faldas de sus apenadas compañeras con las manos mientras se desplazaban, ya no tan rápido al regresar. Al llegar, Urahara había desplegado un montón de cacharros a su alrededor, y estaba ajustándolos.

—Estos son medidores de energía —les dijo Urahara notando la estupefacción de los recién llegados y señalando hacia los diversos aparatos con pantallas y botones con lucecitas que tenía a su alrededor. Inuyasha había visto la pantalla de la televisión en casa de Kagome, y pensó que estas también mostrarían gente y todo tipo de cosas en su brillante interior—. Estas me ayudarán a medir las condiciones en que se permite el viaje en el espacio de la técnica de Inuyasha-san —Urahara señaló a otra máquina con pantallas incorporadas, mientras Kagome y Orihime se bajaban de las espaldas de Inuyasha e Ichigo—. El capitán de la Doceava División me ayudó a preparar ésta, aunque no le dije para qué —añadió con picardía—. Ojalá pueda lanzar algún dato para nosotros, porque la habilidad de Inuyasha-san es insólita —concluyó.

—¿Toda esta chatarra te ayudará a medir… eso que dijiste? —le preguntó Inuyasha con el gato sentado al hombro, mientras Orihime y Kagome rondaban por el lugar y examinaban los aparatos con interés—. No lo creo.

—Bueno, eso espero —le contestó Urahara—. Dado que jamás vi cómo funciona exactamente el Meidou y no puedo decirlo con seguridad. Por eso quisiera que me prestaras un momento tu Tessaiga para ver cómo funciona.

—Vaya, vaya. ¡Qué frío eres al comenzar tú solo el experimento! —habló una voz salida de la nada.

Inuyasha y los demás giraron para ver que, de esas puertas deslizables por las que los Shinigami se marchaban, abiertas, de su interior salía el tipo que había dicho esas palabras. Se trataba de un sujeto con traje Shinigami y un haori parecido al que el mocoso albino tenía el día anterior, pero con mangas blancas y largas. Tenía el pelo azul y una cara pintada de blanco y negro, con dorados dientes al descubierto, que ahora sonreían. A Kagome le recordó a los Guasones o payasos con la cara pintada, pero más que gracioso o divertido, el tipo parecía siniestro y aterrador. Llevaba consigo una espada, que de seguro era su Zampakutou. Detrás de él venía una niña aparentemente normal, de cabello negro, vestida de un traje de Shinigami y con expresión ausente.

—¡Kurotsuchi-san! No esperaba que se presentara aquí. Tenía entendido que tenía deberes con el Seireitei el día de hoy —le dijo Urahara al recién llegado, que sonrió más malvadamente todavía.

—Si creías que no iba a venir a ver el fruto de tanta investigación, es que no me conoces Urahara Kisuke —le dijo Kurotsuchi con rencor—. Además, estos nuevos especímenes me llaman la atención como nada en los últimos años —siguió Kurotsuchi, mirando a Inuyasha y Kagome de arriba abajo con codicia, omitiendo las presentaciones.

—Bien, este tipo se quiere morir —dijo Inuyasha moviendo la cabeza, desenvainando a Tessaiga y apuntándola a Kurotsuchi—. ¿Eres un capitán? Espero que tu segundo al mando sea un tipo capaz para poder sustituirte.

—Mi segunda al mando está aquí —le aclaró Kurotsuchi con calma, señalando a la niña que estaba detrás de él, todavía sin ninguna expresividad—. Y aunque es capaz, no veo por qué tendría que sustituirme.

—¡Porque esta será tu tumba!

Inuyasha se lanzó contra Kurotsuchi, pero un puñetazo de Ichigo lo tumbó en el suelo de bruces. Luego Kagome y Orihime se sentaron en su espalda para que no se levantara.

—Disculpa al Capitán Kurotsuchi —se disculpó Urahara, mientras Inuyasha les ladraba que lo dejaran levantarse—. Su sentido del humor es un poco crudo.

—¡Ya le mostraré yo lo que es crudo! ¡Bájense de mí! —les gritó Inuyasha a Kagome y Orihime, que no se movieron.

—Vaya, el chico es muy impulsivo —observó Kurotsuchi—. ¿No nos presentarás, Urahara Kisuke?

—Ah sí —reaccionó Urahara—. Inuyasha-san —se dirigió a Inuyasha, todavía en el suelo con Kagome y Orihime sentadas sobre él—, Higurashi-san, éste es Kurotsuchi Mayuri, Capitán de la Doceava División del Gotei 13. Y ella —añadió, dirigiéndose a la niña—. Es su teniente, Kurotsuchi Nemu.

—¿Teniente? ¿Ella es una pariente suya? ¿Y es su teniente? —preguntó Kagome sorprendida.

—Es muy capaz —intercedió Urahara, recordando a la perfección lo que podía hacer Nemu. El octavo de los especímenes de ella que Mayuri había hecho.

—Bien capaz —recordó Ichigo con un escalofrío, recordando también sus encuentros con la séptima.

—¡Keh!

—Perfecto. Ahora que… estamos todos, hagamos la tarea que vinimos a hacer —continuó Urahara—. Como te decía, Inuyasha-san, quisiera que me prestases a Tessaiga para ver sus características.

Kagome y Orihime se levantaron del cuerpo de Inuyasha, que se levantó mirando a Mayuri con desconfianza, pero de todos puso a la enorme Tessaiga de vuelta a su vaina.

—¿Acaso tienes alguna idea de cómo funcionan las Youtou? —preguntó Inuyasha con desconfianza. Él se refería a las espadas con energía demoniaca Youkai, como la suya o la Tenseiga de Sesshomaru.

—Tenemos gran experiencia con las Zanpakutou, las espadas de cada Shinigami, y creo que haríamos un buen trabajo con tu Youtou también —le respondió Urahara, cubriendo su cara con su abanico.

—Si noto alguna eventualidad o si noto que le hacen algo raro, los descuartizo —les advirtió Inuyasha, mientras sacaba la espada con todo y vaina y se la entregaba a Urahara. Realmente no quería hacerlo, pero esta vez, ya que había recorrido todo ese camino con ellos y especialmente por Ichigo y Orihime, Inuyasha no veía otra opción más que tomar el camino que el conocimiento de esos tipos podría mostrarle.

Y Urahara lo notó una vez más. Una energía agresiva emanó por un instante de Inuyasha cuando le dio su espada. Era muy agresiva y maligna, eso Urahara podía decirlo sólo con sentirla, pero tenía un medio de confirmarlo. Se acercó a uno de sus aparatos de medición de energía y vio los niveles que registraban la energía del ambiente en el que estaban. En aquella pantalla una línea se había asomado sobre las que marcaban el Reiryoku de los Shinigami y la energía de los presentes. Con un peligroso color rojo, por un instante, la línea roja ascendió por encima de la media que los demás marcaban. Mayuri silbó al ver la pantalla, notando también el ascenso.

Mientras Urahara, Mayuri y Nemu iban de aquí para allá, luego de dejar a Tessaiga en medio de un enorme metal redondo y ovalado y rodeado de otra chatarra, Inuyasha los miraba con desconfianza desde lejos. No dudaría en matarlos si le hacían algo extraño a Tessaiga, aunque la inexpresiva niñita podría librarse de su venganza. Pero Kagome lo agarró del brazo y lo miró a los ojos tratando de tranquilizarlo. Ichigo y Orihime le asintieron por detrás de la cabeza de Kagome, e Inuyasha se tranquilizó un poco a su pesar. Pasaron el resto del día yendo y viniendo por todo el lugar, con el gato cómodamente sentado en el hombro de Inuyasha mientras este cavilaba y caminaba alrededor. Los cuatro iban y venían, viendo y encontrando de todo en aquella vieja base: como viejas radios, viejos periódicos y máquinas viejas, todo cubierto por el polvo. Encontraron la comida que Urahara había llevado de alguna forma sin que ellos lo notaran y recordaron lo hambrientos que estaban. Luego de comer algo siguieron explorando y hallaron viejas espadas y hasta siluetas de práctica. Sitios quemados o destruidos por técnicas anteriormente ejecutadas en el lugar, indicando que al parecer el sitio se había usado como lugar de entrenamiento alguna vez. En tanto Urahara y Mayuri veían y analizaban a Tessaiga desenvainada en el sitio donde estaban investigándola. Y notaron con desconcierto cómo esta no se transformaba de la raída y desgastada katana que tenían en la mano, al enorme colmillo que Inuyasha manipulaba tan fácilmente. Condujeron a través de ella su reiatsu, pero la espada no se transformaba. También detectaron en las pantallas que un increíble poder manaba de la vaina así como de la espada, tanto, que parecía imposible que éstas lo contuvieran. Así que llamaron a Inuyasha para satisfacer sus dudas.

—¿Cómo transformas a Tessaiga, Inuyasha-san?

—Era obvio que no podrían —presumió Inuyasha con gusto, al acercarse a ellos—. Así.

Inuyasha tomó a Tessaiga de las manos de Urahara y ante la mirada de todos esta se convirtió en la enorme espada de siempre.

—¿Pero cómo lo haces?

—Como si nada. Sólo lo hago, y Tessaiga se transforma —dijo Inuyasha, haciendo que Tessaiga regresara a ser una espada normal.

Urahara se quedó pensativo. Algo debía de hacer Inuyasha aparte de sólo hacerlo.

—¿Puedes venir por aquí, por favor? —le pidió a Inuyasha, conduciéndolo a la misma plataforma metálica en que había dejado hacía rato a Tessaiga—. Ahora transforma a Tessaiga por favor —le pidió Urahara a Inuyasha cuando este estaba parado sobre el metal.

Inuyasha lo hizo y la máquina que registraba energía marcó una vez más un incremento en la línea roja, pero esta vez no era tan errática, en ningún caso.

—Creo que ya lo tengo —les dijo contento Urahara a los demás—. La energía de Inuyasha-san es muy diferente al Reiatsu o a nuestro Reiryoku como Shinigamis o agentes espirituales. La energía de Inuyasha-san es Youryoku. Una forma demónica de expresar el poder.

—Vaaaya —ironizó Inuyasha—. Pero eso ya lo sabía.

Todos cayeron al suelo, menos Kagome que les dijo—: Es verdad. Inuyasha y yo ya sabíamos lo del Youryoku.

—¿Y por qué no lo dijeron? —exclamó Ichigo.

—Porque no nos lo preguntaron —les respondió Inuyasha como si fuera algo obvio.

—Entonces —siguió Urahara, mientras él y los demás se levantaban—. Si como Shinigami que somos poseemos Reiryoku, y lo expresamos en el Reiatsu; Inuyasha-san posee Youryoku y lo expresa en Youki, ¿Verdad?

—¿Fácil, no?

Ichigo vio entonces el por qué la energía de Inuyasha no era parecida a ninguna que hubiese sentido antes de ninguna forma de vida, ni nada que hubiese conocido con anterioridad. Sólo se le parecían la del zorrito de su época, la de los Youkai que se encontraron por el camino en su aventura en la era Sengoku, la del demonio Naraku que Aizen había revivido junto con la Perla. Tampoco Inuyasha expresaba su Youki como lo hacían los Shinigami, con su pesados Reiatsu, sino que: o no sabía hacerlo igual o no tenía mayores poderes, o no tenía idea del potencial interno que poseía.

—Y ahora me gustaría que utilizaras una de tus técnicas, Inuyasha-san —le pidió Urahara a Inuyasha.

—Pero, si tu base se va a la mierda… no me culparán ¿No?

—Mejor modérate un poquito. No quisiéramos que nada nos caiga encima —añadió Urahara notando el punto de Inuyasha.

—Lo intentaré —dijo Inuyasha, y apuntando a Tessaiga donde no había nadie, la agitó mientras gritaba—: ¡Kaze no Kizu!

Los rayos de luz dorada cortaron el aire y todo lo que se encontraron, y una nube de polvo amenazó con ensuciar todo el equipo, pero Orihime desplegó sus Rikka y mantuvo todo limpio y a todos, mientras su escudo los cubría del polvo.

—Impresionante —reconoció Mayuri, leyendo la pantalla de energía más cercana y lamiéndose lo que se suponía eran sus labios—. Leíamos en los vagos informes que los Youkai eran poderosos, pero esto es impresionante. Los demás lo miraron inseguros de si bromeaba o no, porque él no se tomaba en serio a nadie jamás.

—¿Esa es tu mayor técnica? —le preguntó Urahara a Inuyasha.

—Nop —respondió Inuyasha—. La más poderosa que tengo es el Meidou Zangetsu Ha. Pero no puedo usarla aquí con Kagome tan cerca. Luego hay otras más pero todas son peligrosas de usar en un sitio cerrado —razonó Inuyasha sorprendiendo a algunos por su muestra de madurez.

—El Meidou… Esa técnica que mencionaste suena a algo relacionado al infierno —notó Mayuri y todos lo miraron—. ¿Puede usarse ofensivamente?

—Ese era su propósito original.

—¿Y en qué consistía? —aunque Urahara creía recordar que Kagome e Inuyasha lo habían mencionado antes.

—Manda a mis oponentes al Infierno.

Hubo un sobrecogimiento general. Sólo uno de ellos había estado en el infierno y no le había gustado la experiencia.

—¿Lo dices en serio? —le preguntó Urahara a Inuyasha para asegurarse.

—¿A qué te refieres? —le preguntó Inuyasha a su vez.

—Si eso fuera cierto, entonces el Meidou Zangetsu Ha es una técnica muy peligrosa —dijo Mayuri, acariciando su propia Zampakutou.

—Puedes apostar el culo a que sí.

—¡Miren la hora! —exclamó Urahara de repente, sin mirar ningún reloj, antes que ni Inuyasha o Mayuri pudieran seguir discutiendo—. Seguramente quieren algo de comer, ¿o no?

Era la hora del almuerzo. A pesar de haber comido algo hacía poco, Kagome y Orihime querían salir por algo de comer y traer para todos, pero ni Inuyasha ni Ichigo les permitieron ir solas, así que fueron con ellas. Mientras dejaron a Urahara y Tessaiga junto a Mayuri y Nemu. Afuera ya era bien entrada la tarde, y ellos habían creído que era sólo la hora de almorzar. Salieron del galpón a buscar una tienda de conveniencia o alguna tienda de comida rápida, de las que abundaban en la ciudad. Compraron ramen, que llevaron de vuelta a la base subterránea con cuidado de no derramar el líquido en los paquetes en que se los entregaron. Inuyasha había probado antes el ramen, y no sólo los instantáneos, pero el que llevaron de regreso a la base le gustó muchísimo. Y durante el resto del día los científicos siguieron sus investigaciones con Tessaiga. Inuyasha se había resignado a que la tuvieran en las manos, pero no podían dirigir su reiatsu en ella para poder transformarla. Al parecer Tessaiga sólo funcionaba con Youki, e Inuyasha sonrió a escondidas por ello.

—Bien hecho, Tessaiga.

Pero esos pensamientos le recordaron a Inuyasha sobre lo que había ocurrido hacía unos días, en que aquella alada mujer con cabello dorado había podido usar a Tessaiga e incluso crear un Meidou, sin que el campo de energía de la espada la rechazara. Le había costado muchísimo, eso Inuyasha pudo verlo, pero aun así era increíble que ella lo hubiera logrado de todos modos. Aquella vez esa mujer le había robado a Inuyasha su collar de sumisión. Con algo de nostalgia se tocó de nuevo el cuello mientras los demás trabajaban y parloteaban sin cesar. Le era muy difícil acostumbrarse a la sensación ahora.

En la noche se quedaron a dormir. En un almacén oculto entre rocas erosionadas de la enorme habitación habían futones polvorientos y viejas mantas. Ichigo e Inuyasha los limpiaron como pudieron para que el gato y Kagome no los regañaran por dejarlas dormir en sitios tan poco higiénicos. Urahara les había dicho que podían dormir y que él y Mayuri seguirían con su investigación, por lo que Ichigo, Orihime y Kagome se habían tendido en sus futones, pero Inuyasha sólo se sentó en el suyo como siempre, con las piernas cruzadas y los ojos cerrados y con el gato hecho un ovillo en sus piernas. Kagome le había insistido que se recostara cerca de ella, pero él sólo aceptó dormir sentado, atento ante cualquier eventualidad.

La noche pasó lenta y tranquila.

Al día siguiente los demás despertaron y se asearon en los servicios que había cerca. Esa base subterránea estaba bien equipada. Urahara de inmediato los recibió a todos con sus descubrimientos luego de saludarlos.

—Lo más que hemos podido ahondar en las características de Tessaiga es que nuestro Reiatsu no puede transformarla a lo que Inuyasha -san la transforma —les explicó—. Nuestro Reiatsu fluye por ella pero no la influye de ninguna forma —terminó, devolviéndole a Inuyasha su espada. Ichigo y Orihime estaban sorprendidos al ver que luego de esa noche Urahara no había descubierto nada más a lo que ya sabía.

—Keh! Y ya era bastante raro que Tessaiga los dejara tocarla —les dijo Inuyasha colocándose a Tessaiga al cinto otra vez.

—¿Disculpa?

—Tessaiga tiene una barrera, pero ahora recuerdo que sólo funciona contra los Youkai —le respondió Inuyasha pensativo.

—No es eso, Inuyasha —intervino Kagome—. Yo creo que sólo funciona contra los que odien a los humanos.

—Ah, es posible.

—¿De dónde habría sacado tu padre ésta katana? —se preguntó Urahara.

—Se la forjaron. El viejo Totosai. Es un viejo loco y excéntrico que siempre me saca de quicio de alguna forma —respondió Inuyasha recordando a Totosai y su malísima memoria.

—¿Es? ¿Entonces está vivo? —preguntó Urahara esperanzado.

—Bueno, estaba vivo la última vez que lo vi —respondió Inuyasha indiferente.

—¡Estupendo! ¿Puedes traerlo aquí?

—No creo que podamos, Urahara-san —respondió Kagome antes que Inuyasha pudiera abrir la boca—. Totosai-sama vive en la era Sengoku.

—Eso es muy malo.

—Pero si Ichigo-kun y Orihime-chan pudieron ir allá, a lo mejor tú también puedes ir, Urahara-san —aventuró Kagome.

—Vale la pena intentarlo —coincidió Urahara, mirando a Mayuri—. Está bien. Ahora volveremos a tu casa, Higurashi-san, y veremos si puedo ir a la era Sengoku a visitar a Totosai-san.

—Mierda. ¿Otra vez nos meteremos en ese gusano gigante?

Mientras Inuyasha protestaba, Mayuri se le acercó a Urahara.

—Espera, Urahara Kisuke. ¿No estarás haciendo esto de conocer a ese orate que menciona el Youkai para apartarme de la investigación, verdad? Esta vez estoy metido hasta el cuello en esto y por nada me lo voy a perder.

—Yo sería incapaz, Kurotsuchi-san —le sonrió Kisuke—. Pero me imagino que no puedes venir con nosotros a la era Sengoku, pues tienes deberes con la Sociedad de Almas, ¿verdad?

Mayuri apretó los puños ante la sonrisa de Urahara, pero no dijo nada. Mientras tanto Ichigo regresaba a su cuerpo. Y viendo a Inuyasha, con Nemu por detrás, que también lo miraba sin expresión pero fijamente, Kurotsuchi le dijo a Inuyasha:

—Espero que regresen pronto, porque me muero por ver si gano la oportunidad de diseccionarte…

—Dise... ¿Qué es eso?

—Mejor vámonos ya —le urgió Ichigo a Inuyasha, empujándolo por la espalda y sin mirar a Mayuri que se iba quedando atrás.

Los demás dejaron todo en la base subterránea y se despidieron de Mayuri y Nemu, que regresaron a la Sociedad de Almas. Luego todos regresaron a la estación de Kabukichou esquivando cualquier problema con nadie, al igual que la primera vez. Inuyasha no quería volver a ir en ese enorme gusano, como él llamaba al tren, pero no tuvo opción porque Kagome lo amenazó con no darle sukiyaki la próxima vez que lo cocinaran en casa si no se comportaba, e Inuyasha tembló con la idea.

En el trayecto de regreso no se encontraron de nuevo con las tres chicas de la guardia de trenes, sino que otras asistentes iban y venían comprobando todo. Fue un viaje tranquilo en el que Inuyasha fue sentado con los pies sobre el asiento casi todo el camino, con Kagome dormitando a su lado.

Ichigo había seguido el flujo de los eventos como si su mente estuviera en piloto automático. En otra situación no se lo habría ni planteado, sobre las cosas que estaba viviendo ahora. Pero Aizen estaba de por medio y su antigua amistad con Kagome sellaba sus acciones. Y estaba Orihime que ya estaba totalmente a gusto con Inuyasha y Kagome. Ichigo la miró. Ella dormía profundamente, apoyada, al igual que Kagome hacía con Inuyasha, en su hombro. Por lo que Ichigo no tenía más opción de seguir haciendo de niñera de ese loco de orejas de perro por todas esas razones. Además no podía negar que el tipo era confiable y divertido a su manera. Era un viaje de lo más extraño de todos modos.

Al llegar al distrito en que estaba el templo Higurashi todos se apearon del tren, y subieron la interminable cuesta de camino al templo. Al llegar esperaron que Inuyasha y Kagome saludaran a la mamá de esta y le dijeran a dónde iban y dónde habían estado. Aunque la mamá de Kagome jamás temía por su hija mientras estuviera con Inuyasha, se mostró sorprendida con la breve explicación que le dieron. Al salir los dos de la casa se metieron todos en la pagoda que guardaba el pozo del mundo exterior.

—No fue tan malo la primera vez, ¿No es así, Inoue? —le preguntó Ichigo a Orihime, mientras descendían por las gradas hacia el pozo.

—¿Te refieres al viaje a la era Sengoku o a otra cosa? —le preguntó Yoruichi, burlona.

—¡Al viaje desde luego, estúpido gato!

—¡Sí! Fue una experiencia muy divertida —respondió Orihime, sonrojándose.

—Esta será la primera vez que viaje en el tiempo —les dijo Urahara con el gato en su hombro una vez más—. Estoy un poco emocionado.

—No ganaremos nada con cursilerías —dijo Inuyasha tomando a Kagome de la mano—. ¡En marcha!

Deslizó un brazo por debajo de los hombros de Kagome y se metió con ella en el pozo de un salto. El pozo brilló cuando debieron tocar fondo, pero al asomarse Urahara a ver en su interior ellos ya no estaban.

—Bien —Ichigo tomó a Orihime de la mano y, como se habían acostumbrado a hacer, pasaron primero una pierna y luego la otra por el borde del pozo y se lanzaron dentro.

—¿No tienes dudas, verdad Kisuke? —le preguntó Yoruichi a Urahara, mirándolo con sus ojos de gato.

—No.

Y Urahara se lanzó al interior del pozo detrás de los demás para ser recibido con la hermosa luz que marcaba el salto entre eras.

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