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TOOAH: Capitulo 07 - Un Calvo sin Suerte

 

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TOOAH: Capitulo 07 - Un Calvo sin Suerte

Miroku, Sango y los demás salieron de la casa de la anciana Kaede para ver también a Ichigo e Inuyasha. Kagome les anunció de inmediato sus planes.

—Chicos, Inuyasha y yo regresaremos a mi época —les explicó—. Me han dado ganas de ver a mi mamá, a Souta y a mi abuelo.

—¿Se van, Kagome-chan? —preguntó Sango, con sus dos crías gemelas a cuestas—. ¿Cuándo regresarán?

—En cuanto podamos. Básicamente sólo es una visita.

—Regresen pronto —le dijo Sango, mirándolos con algo de preocupación.

Ichigo y Orihime se despidieron de todos uno a uno. Mientras Kagome e Inuyasha, que estaba en su modo indiferente, sólo se despidieron de manera casual pues regresarían en poco tiempo.

—Todos eran muy amables —reconoció Orihime más tarde y viendo atrás de rato en rato, mientras ella y los otros tres caminaban hacia el pozo en las afueras de la aldea—. Y me hubiera gustado poder conocer a tu hermano, Inuyasha.

—¡Keh! Ese imbécil no vale la pena.

—¿Tan malo es?

—Tranquila, Orihime-chan —intercedió Kagome sonriendo al caminar—. Es sólo que Inuyasha y su hermano no se llevan bien.

—Ojala sí lo hicieran, Quería ver cómo son las orejas de su hermano.

—Sesshomaru tiene las orejas normales. O más o menos.

—¿De veras? Qué pena.

Con una divertida sensación, llegaron pronto al Pozo Devorador de Huesos. E Inuyasha tomó a Kagome por la cintura y ella lo tomó a él por los hombros. Con una mirada a los otros dos para que los siguieran, Inuyasha se metió al pozo con Kagome a su lado dando un salto hacia adentro.

Ichigo y Orihime sólo vieron un pequeño resplandor que salió del pozo cuando ellos se metieron, y mirándose luego ambos asintieron. Se acercaron al pozo, pusieron una rodilla encima del borde, subieron la otra y estaban a punto de lanzarse, pero Ichigo tuvo de pronto una inspiración, luego de ver a Inuyasha y su forma de llevar a Kagome. Ichigo tomó la mano de Orihime y ella lo miró sorprendida, ruborizada y halagada por su súbita galantería. Y con una sonrisa mutua, se lanzaron al interior del pozo.

La misma luz azul brillante les dio la bienvenida como la primera vez que se metieron en el pozo. Y pronto sus pies tocaron tierra firme, y vieron que Kagome e Inuyasha no estaban esperándolos dentro del pozo desde el cual se podía ver el techo de la pagoda en la que sabían que ahora estaba. Habían regresado a su época.

Ichigo sujetó a Orihime por la cintura, de forma parecida a como vio que Inuyasha hacía con Kagome, y la sacó del pozo dando un salto desde el fondo. Al salir vieron que la puerta hacia el enorme patio de afuera estaba abierta y, como en la época que acabaron de dejar, era de día. Una luz fuerte se colaba desde fuera y algo más, pues Ichigo y Orihime lo sintieron de inmediato. Junto a la presencia de Kagome y la de Inuyasha afuera estaban unos reiatsus conocidísimos para Ichigo y Orihime. Con preocupación, los dos salieron de la pagoda hacia afuera.

Inuyasha estaba allí de espaldas a ellos, con su enorme Tessaiga desenvainada y dispuesta. Kagome estaba agarrada a la ropa de Inuyasha, y ambos miraban al montón de desconocidos que los habían recibido en el patio de su propio templo.

Ichigo vio a Hitsugaya Toushiro, capitán de la Décima División, con su haori de capitán blanco igual que su cabello. A Madarame Ikkaku y Ayasegawa Yumichika, ambos subordinados de la Onceava División y de Zaraki Kenpachi. Y a Matsumoto Rangiku, teniente de Toushiro, y con su bello y maduro rostro demostrando disposición. Todos con sus formas Shinigami, y su reiatsu liberado. Y todos miraban a Inuyasha con la misma desconfianza con la que él los miraba a ellos.

—¡Qué diablos están haciendo! —gritó Ichigo, dando un salto y parándose en medio de la posible trifulca, llevando la mano derecha a la Zangetsu en su espalda—. Toushiro, ¡Por qué demonios tratan así a Inuyasha!

—¿Él es Inuyasha? —respondió Toushiro, viendo a uno y a otro, y a Kagome y Orihime sujetas a la ropa de Inuyasha e Ichigo—. Nos informaron que contactaste con él.

—¿Y el comité de bienvenida incluía a la inquisición? —ironizó Ichigo mirando a todos los que los habían recibido.

—Muchachos, tranquilicémonos. No hace falta hacer tanto alboroto por conocer a una leyenda. —La voz de Urahara Kisuke se hizo oír, y él apareció cerca de Ichigo e Inuyasha—. No queríamos ser maleducados.

—¿Entonces por qué parece que están a punto de atacarlo? —preguntó Orihime, viéndolos con reproche.

—Bueno, él iba a atacarnos primero —respondió Yumichika, acomodándose el cabello como era su costumbre—. No podíamos esperar que nos ataque sin defendernos.

—No iba a atacarlos. ¡Es sólo que jamás había visto juntos a tipos tan raros! Sólo a este imbécil —soltó Inuyasha, indicando con un gesto a Ichigo.

—¿Ya se conocen tan bien? ¿Ya son tan amigos? —preguntó Urahara, al ver que Ichigo e Inuyasha discutían sin irse a los puños o sus espadas.

—¿De este perro rabioso?

—¿De este anormal de cabello raro?

Hasta habían sincronizado sus reacciones sin querer. Rangiku se rió con una mano cerca de la boca.

—Ichigo, sigues siendo tan divertido… hahaha —le dijo riendo y su risa alivió la tensión y hasta los reiatsus se aligeraron. Luego ella miró fijamente a Inuyasha—. ¿Este es tu nuevo amigo?

Inuyasha la miró decidido, pero lo que más llamó su atención fueron las dos enormes bolas de grasa que le sobresalían a esta mujer Shinigami. Más grandes incluso que las de Orihime. La sensación de estar fuera de lugar lo invadió, mientras los demás envainaban sus espadas.

—Debo estar volviéndome viejo —dijo Inuyasha, agachando la cabeza y sobándose el puente de la nariz con pesar. '¿Por qué todas las mujeres de esta época tienen que tener las ubres tan grandes?' Pensó algo desorientado.

—Vaya, ¿qué tiene tu amigo? —preguntó Rangiku acercándose a Inuyasha, ahora que el peligro había pasado—. ¡Taicho! ¡Mire! —exclamó ella, dirigiéndose a Toushiro—. ¡Este chico también tiene el cabello blanco! Ah no. El de él es un poco plateado.

Rangiku se había acercado a Inuyasha y había tomado un mechón de su cabello en sus manos.

—¡También tiene lindas orejitas!

—MA-TSU-MO-TOOO…

Hitsugaya Toushiro estaba a un tris de perder el control con la actitud de su teniente. Inuyasha lo miró mientras la mujer que llamaban Matsumoto estaba divirtiéndose con su cabello. El chico era de apariencia joven, de cabello blanco y su haori blanco sin mangas estaba sobre su vestimenta Shinigami negra. Igual a la de Ichigo y como la de los otros recién llegados.

—Apuesto a que no estás viejo, corazón. ¡Eres adorable! —le dijo Rangiku a Inuyasha, mientras le atrapaba la cabeza en un abrazo.

—Pfff aaaaahhhhhh!

Inuyasha estaba siendo básicamente ahogado entre los pechos de Rangiku, que no se daba cuenta de que lo estaba ahogando, y estaba totalmente ciega de ternura.

—¡Rangiku-san, no es justo! ¡Yo también quería hacer eso!

Orihime estaba haciendo un berrinche por no haber mimado más al ser con orejas de perro que, cuando no estaba enojado o demostrando su carácter, era irresistiblemente tierno.

—¡Ejem!

Kagome, que no había sido tomada tan en cuenta todavía, carraspeó. E Inuyasha sacó como pudo la cabeza de entre los pechos de Rangiku, y gritó:

—¡Kagome, salv…! —Rangiku lo enterró otra vez y lo silenció.

—Eres un sinvergüenza. ¡Osuwari!

Inuyasha maldijo en su interior al oir la voz de Kagome, preparado para la caída, pero una vez más había olvidado que ya no tenía su rosario consigo. Pero en esta ocasión hubiese matado por tenerlo puesto.

Kagome de pronto notó que Inuyasha estaba contrariado, y eso la ayudó a apartar por un rato de su mente que Inuyasha ya no estaba bajo su control. Acercándose a la alegre Rangiku, que tenía también a Orihime a un lado diciéndole que suelte a Inuyasha, Kagome le dijo:

—¿Te importaría soltar a mi hombre? ¿No ves que no le gusta lo que haces?

Orihime se había temido algo así, y esa fue la razón por la que no siguió su primer impulso de atrapar a Inuyasha en un abrazo al conocerlo. Ni siquiera le hubiese importado cómo se vería para los demás tener a un youkai, por más tierno que fuese, entre sus brazos. Pero viéndolo desde el punto de vista de Kagome, Orihime también se hubiera molestado. Miró a Ichigo que estaba viendo la escena sin creérselo y, con cierta ironía, ello le recordó a Orihime acerca de una Arrancar hermosa y de enormes pechos ahogando a Ichigo en un abrazo monumental.

Rangiku miraba a Kagome algo desconcertada. Pero se recompuso de inmediato, sonrió y le dijo:

—¿Me lo prestas?

—¡NO!

Kagome jaló a Inuyasha por el cabello, y el pobre salió al fin de su prisión. No era que no había podido liberarse por la fuerza, sino que no tenía las fuerzas para arriesgarse a lastimar a una mujer.

—Tacaña.

—Matsumoto, eso es lo que te buscas por no pensar las consecuencias —la sermoneó Toushiro.

—Pero Taicho, su cabello es tan sedoso.

—Como un osito de peluche —le dijo Kagome, presumiendo a Inuyasha, que ahora estaba refugiado en su pecho de menos proporciones.

—¡Luego no te quejes si me lo llevo conmigo un día!

—¡Inuyasha no se iría con alguien como tú!

—Ya, ya, chicas, cálmense —las intentó tranquilizar Orihime.

Inuyasha se hizo soltar de Kagome con suavidad y se acercó a Ichigo, que había estado observando todo junto a Urahara con expresiones de genuina incredulidad y diversión.

—Ni siquiera estás aquí una hora y ya eres tan popular —lo picaron Ikkaku y Yumichika. Inuyasha resopló.

—Cállense, ni siquiera los conozco —les espetó.

—Yo lo mato —gruñó Ikkaku mientras Yumichika lo tranquilizaba, conciliador.

—¿Tú eres Inuyasha, no? ¿Inuyasha-san? —inició Urahara, que seguía viendo a Kagome, entre Orihime y Rangiku.

—Así es. Veo que mi fama ha llegado hasta aquí. No me sorprende —presumió Inuyasha orgulloso, mientras examinaba al único allí que no vestía como Shinigami.

—Bah, sólo eres un presumido —le dijo Ichigo con sorna.

—Y tú un envidioso.

—¿Qué dijiste?

—Tranquilos, muchachos. No quisiera que se peleen como las chicas allá —dijo Urahara, girando para ver a Ichigo e Inuyasha—. Déjame presentarme, Inuyasha-san. Mi nombre es Urahara Kisuke, humilde propietario de una tienda de dulces.

—Sí, claro —ironizó Ichigo.

—Es la pura verdad, Kurosaki-san. —Urahara volvió a mirar a las mujeres discutir, en pleno sol —. Me gustaría saber qué pasó allá, hace quinientos años. Conociste a Aizen, ¿No es así, Inuyasha-san?

—Desde que el muy cabrón fue a mi época, hace siete noches —respondió Inuyasha, molesto con el recuerdo—. El tipo es muy escurridizo.

—Me lo imagino —coincidió Urahara—. Quisiera saber exactamente cómo sucedieron las cosas, si pudieran contármelas.

Inuyasha e Ichigo le contaron cómo se habían conocido en aquella noche, el viaje que hicieron siguiendo el rastro de Aizen hasta la aldea de los antiguos exterminadores, y la cueva donde se había originado la Shikon no Tama. También cómo Aizen estaba allí, y cómo de alguna manera logró revivir a la Perla junto a Naraku.

Ichigo les contó cómo los cuatro salieron volando a causa de dos devastadoras explosiones. Cómo el veneno de Naraku, quien había revivido junto a la Perla, era el más poderoso y corrosivo que había visto. Y cuando él, Orihime y Kagome, llegaron de regreso a la cueva luego de una larga caminata de regreso y aun percibían el reiatsu de Aizen. Pero las presencias de Naraku y la de la Perla se desvanecieron abruptamente junto al reiatsu de Aizen.

—¿Se desvanecieron? —Urahara parecía desconcertado—. ¿No supieron cómo ni a dónde?

—No, porque no vimos lo que hicieron. Sólo se perdieron entre el polvo y el veneno.

—¿Y tú no pudiste rastrearlos, Inuyasha-san? —preguntó Urahara mirando a Inuyasha, consciente del poder de su olfato.

—No pude llegar con ellos a la cueva. Hubo… complicaciones. Y luego ellos regresaron a donde me dejaron y me contaron lo que vieron y sintieron —explicó Inuyasha.

Ichigo notó cómo Inuyasha no le contó a Urahara lo de la misteriosa mujer, que le había quitado su rosario de kotodamas, ni lo que el collar significaba para él y para Kagome.

—Regresamos a la aldea. Llegamos esta mañana y Kagome quiso venir a su época y nos encontramos a todos ustedes para darnos la bienvenida —siguió Inuyasha.

—Me sorprende —reconoció Urahara—. ¿Será que Aizen pudo ocultar su reiatsu de alguna manera infalible? No es imposible ocultar el reiatsu totalmente, pero siempre deja rastros. Ocultarlo totalmente es muy extraño.

Urahara estaba metido en sus pensamientos y se calló mientras miraba distraídamente a las chicas otra vez. Inuyasha lo miró algo confundido. No estaba acostumbrado a ver razonar a nadie más que a Miroku. Estaba pensando en ello cuando sintió algo que rozaba sus pantorrillas, y se agachó para tomar por el lomo a un gato negro que se estaba restregando contra él.

—¿Qué tenemos aquí? ¿Tu familia adoptó otro gato, Kagome? —preguntó Inuyasha, al tiempo que se sentaba en el suelo y tendía al gato de espaldas. Kagome no le respondió—. Eres un gato muy chistoso.

Inuyasha se sentó con las piernas cruzadas sobre el suelo de cemento y se puso a jugar con el gato, jalándole las patas sin lastimarlo. Con las yemas de los dedos le masajeaba las costillas y le rascaba, con cuidado de no lastimarlo, por detrás de sus orejas. Muy pronto el gato estaba ronroneando en su cercanía con Inuyasha.

—Ah, Inuyasha…

Ichigo no sabía cómo exponerle el dilema que se desarrollaba ni el problema en que Inuyasha se metería. Y Urahara detuvo su cavilar para ver interesado lo que ocurriría a continuación.

—¿Quién es un gato chistoso? ¿Quién es un gato chistoso? —Inuyasha estaba disfrutando jugar con el gato, y éste ronroneaba de puro placer por las torturas de Inuyasha.

—Ah ¿Un gato callejero, Inuyasha? —preguntó Kagome, que se había acercado junto a Orihime y Rangiku a Inuyasha y los demás.

—No lo sé. ¿No es de ustedes?

—No.

—¿De dónde vienes, gato? —le pregunto Inuyasha al gato, a modo de juego.

—No me creerías si te lo dijera —le respondió el gato, con voz de hombre viejo.

Inuyasha se detuvo en seco. Había visto youkais que eran parte gato, pero un gato de pura cepa que hablaba era insólito hasta para él.

—Vaya, tu época resultó ser muy sobrenatural, Kagome —le dijo Inuyasha a Kagome, no sin razón.

—Sí —Kagome tampoco se lo creía.

—Toushiro, a todo esto, ¿Qué hacen ustedes aquí? —le preguntó Ichigo a Toushiro, que no había dicho nada en un buen rato.

—Pues Urahara Kisuke le informó a la Sociedad de Almas que regresarías, y nos mandaron por ser los que más experiencia tienen como grupo en el Mundo Real y contigo —respondió Toushiro aburrido, como si la idea de conocer mejor el Mundo Real le molestara—. Tengo mejores cosas que hacer que recibir a una vieja leyenda del pasado.

Inuyasha no había oído eso, porque estaba jugando con el gato, con el que ahora Kagome también estaba sentada jugando.

—¿Por qué no vinieron Rukia y Renji? —preguntó Ichigo.

—Kuchiki y Abarai están ocupados.

—Ya veo.

—Pero no vinimos aquí por nada. ¿O sí? —cuestionó Ikkaku, sacando su Zanpakutou de su funda y lamiendo la hoja al tiempo que miraba a Inuyasha —¿Qué tal una prueba? Te hacen mucha propaganda, pero hasta no ver cómo son las cosas en realidad, no me creo que seas la gran cosa.

—¡Keh! No veo por qué tendría que rendirle cuentas de mis habilidades a un calvo.

Inuyasha se había levantado y miraba con los brazos cruzados y una sonrisa de suficiencia a Ikkaku, que estaba azul de rabia por el comentario de Inuyasha. El gato se puso a rondar por las piernas de Inuyasha cuando éste se levantó para ver qué hacían a continuación.

—Inuyasha... —comenzó Kagome, que lo había oído todo—. No olvides que esta es la casa de mi familia. ¡No puedes destruirla por un capricho!

—No hace falta poner en peligro tu casa, Kagome —le respondió Inuyasha—. ¿Qué tal si nos vamos a un lugar más tranquilo? —le ofreció Inuyasha a Ikkaku, que lo miraba con rencor.

—¡Huy! ¡Cachorrito, no tienes nada que demostrarle a este calvito! —intercedió Rangiku con algo de preocupación. Sin conocerlo mucho ella no quería que Inuyasha se lastime.

—¡Keh! Ahora no me queda más que enseñarle una cosa o dos —respondió Inuyasha, lleno de seguridad.

Luego sacó a Tessaiga de su funda y esta se transformó en el colmillo de siempre. Urahara y los demás se sorprendieron por la energía que liberaba. Era bastante considerable y muy diferente al Reiryoku que siempre habían sentido de las Zanpakutou. La katana con forma de colmillo era mucho más grande que cualquier forma de las Zangetsu de Ichigo, de eso no había duda.

Inuyasha concentró sus pensamientos en Tessaiga, y la hoja de esta adoptó un color negro de resplandor morado oscuro, con galaxias y estrellas en su infinita negrura. De inmediato todos los presentes notaron el peligro. Si esa cosa se usaba podría resultar muy devastadora.

Pero Inuyasha sólo la agitó una vez hacia el aire, y una medialuna negra, del mismo color y contenido que el de la hoja de su Tessaiga, salió de la espada y creció hasta hacerse lo suficientemente grande para que cupieran todos dentro. Inuyasha miró a Ikkaku y le indicó con una seña que lo siguiera mientras se dirigía hacia donde flotaba la media luna.

—¿A dónde vas, Inuyasha? —preguntó Kagome, preocupada de ver a Inuyasha entrando al Meidou. Temía que Inuyasha estuviera yéndose solito al infierno.

—Llevaré al calvo a un lugar más tranquilo.

—¡El infierno no es un lugar tranquilo!

Una vez más todos, Orihime e Ichigo incluidos, se sorprendieron. ¿Qué clase de técnica era esa? Ikkaku estaba decididamente preocupado. No le convenía irse de buenas a primeras al infierno, si acaso las palabras de esa miko eran ciertas. Esa cosa negra que Inuyasha había conjurado despedía un aura diferente a cualquiera que hubiera sentido, y en su negrura se podía prever una caída infinita.

—Ah sí, olvidé decírtelo —reconoció Inuyasha, rascándose la cabeza y mirando a Kagome—. Desde que entré al Meidou a buscarte hace tres años –Ichigo frunció el entrecejo. ¿Kagome estuvo en el infierno?— pude hacer que el Meidou me lleve casi a donde yo quiera. En esos tres años perfeccioné al Meidou para transportarme. Pero el ambiente del salto es muy asfixiante para un humano y por eso no lo utilicé para ir a la aldea de Sango.

—¿No me dijiste algo tan importante? —se escandalizó Kagome—. Es el colmo Inuyasha.

—¡Lo siento! Lo olvidé, es todo.

¿Inuyasha tenía un medio de transporte tan rápido? ¿Quién era este tipo? Hasta Rangiku empezaba a tenerle más respeto a pesar de su tierno aspecto. Y algo de duda también.

—Bien, ¿Vamos o no? —le preguntó Inuyasha a Ikkaku, luego de terminar su discusión con Kagome.

—¡¿Tú qué crees?! —le respondió Ikkaku. El Meidou no le daba buena espina, pero como hombre y oficial de la Undécima División no podía retroceder en sus propias palabras.

—Pues sígueme —le dijo Inuyasha, dando un salto hacia el Meidou, introduciéndose en él.

Sin que las dudas en su mente cesaran, Ikkaku lo siguió, y detrás de él Yumichika. Toushiro miró a Rangiku y luego de un asentimiento con la cabeza ambos se lanzaron detrás de ellos. Urahara y Yoruichi, aun en su forma gatuna, también. Urahara notó los bordes del Meidou al acercarse y observó que no debía tocarlos bajo ninguna circunstancia, pues rebanarían lo que los tocara.

—¡Inuyasha, regresa! —gritó Kagome, a pesar que sabía que Inuyasha ya no podía oírla.

Pero de pronto sintió que la levantaban por la cintura y vio que ella y Orihime estaban una vez más sobre los hombros de Ichigo, que no las miraba, sino que veía el Meidou con cautela. Pero se lanzó hacia sus oscuras profundidades con las dos a cuestas.

Al ingresar a ese negro vacío de inmediato sintieron que les faltaba el aire, y Kagome apenas podía mantenerse consciente. Al levantar la cabeza vio que Orihime definitivamente había perdido el conocimiento. Deseó que se terminara porque temía por su amiga, por sí misma y por Inuyasha que estaba más adelante. Ichigo lo llevaba bien estando allí, pero la expresión de malestar leve en su cara era innegable.

Así de duro fue y le pareció que duró una eternidad pero en realidad fue sólo un instante. Pues en el momento en que Kagome pensó todo eso, se vio saliendo de un Meidou similar al que se metieron junto a Ichigo, que lucía algo cansado. Orihime estaba inconsciente colgando sobre su hombro y Kagome estaba cansadísima, como si hubiese acabado una maratón en ese instante. ¿Cómo pudo soportar esa atmósfera la primera vez?

Vio a su alrededor. Estaban en algún sitio desértico, sobre mucha arena al calor del día y no se veía a nadie más que a los que estuvieron en el patio del templo de Kagome. Y todos exhibían la misma expresión de ligero cansancio. Sólo Inuyasha parecía estoico, mientras los miraba con su Tessaiga, ahora en su forma normal de enorme colmillo blanco apoyada en su hombro. Hasta que vio a Kagome en hombros de Ichigo junto a la desmayada Orihime.

—¡Maldición, Kagome! ¡Es peligroso que estés aquí!

Inuyasha sabía muy bien que la atmósfera del Meidou era asfixiante y más si se la visitaba por primera vez. Pero ahora lo era más pues algo había afectado el interior de aquél limbo que lo mandaba a uno al infierno, aunque fuera sólo un salto pequeño.

—¿Y qué? ¿Esperabas que me quede como una triste princesa esperando que su hombre regrese a salvo de la guerra? Sigue soñando —le espetó Kagome, bajándose con brusquedad del hombro de Ichigo, que no se atrevía a culparla y que estaba un poco apenado por haberla traído sin pensar. Y preocupado porque Orihime estuviera bien.

—Espera Inuyasha —dijo Ichigo, decidido a sumir su responsabilidad—. Yo la traje conmigo e Inoue.

—No debiste —dijo Inuyasha, molesto—. Aunque fue un pequeño salto esta vez, a veces toma más tiempo. Y es terrible de estar ahí dentro.

—No te atrevas a culpar a Ichigo-kun —intervino Kagome—. Le agradezco que me haya traído, porque así puedo ver qué locura vas a cometer ahora.

—¡Keh! —dijo Inuyasha por toda respuesta, luego de llegar a la conclusión de que, en caso de que las cosas se pusieran feas, Ichigo y Orihime estarían junto a Kagome. Justamente en ese momento Orihime se estaba moviendo en el hombro de Ichigo.

—¿Qué pasó? —preguntó Orihime, algo desorientada.

Kagome e Ichigo le explicaron mientras Rangiku se le acercaba preocupada. Ella y Orihime eran amigas después de todo.

—¿Terminaste tus cursilerías, chucho? —preguntó Ikkaku, con decidida mala sangre. Quería ver de qué estaba hecho el tipo con pintas tan estrafalarias.

—Cuando quieras, calvo —contraatacó Inuyasha, mientras los espectadores se alejaban de ellos, y Kagome era casi arrastrada hacia atrás por Orihime e Ichigo.

Ichigo sentía genuina curiosidad por las habilidades de Inuyasha. Intuía que Inuyasha era poderoso por el respeto que influía a pesar de estar casi siempre en plan despreocupado delante de sus camaradas. Sabía que aunque tenía mal carácter a veces, era confiable al cien por ciento.

Y Urahara también se preguntaba cómo sería aquel, cuya leyenda junto a la de su hermano habían llegado a la misma Sociedad de Almas. Recordó con algo de entusiasmo los informes vagos en la biblioteca del Seiretei acerca de las katanas que empuñaban, y sus increíbles poderes.

Los demás seguían la situación con algo de cautela e interés. Sólo Toushiro parecía reticente y hasta aburrido, como si quisiera estar en cualquier otro lado. Rangiku estaba algo preocupada, pero no por Ikkaku. Yumichika estaba expectante. Ichigo y Orihime tenían muy cerca a Kagome, para prestarse a cualquier eventualidad que surgiera.

Ikkaku al ver desierto el lugar de inmediato desenvainó su Zanpakutou, sacó la vaina de Houzukimaru, su espada, del obi de su shihakushou, y apuntó con ella y su espada a Inuyasha, que seguía con su enorme Tessaiga al hombro.

—Debes ser un tipo sin suerte. Si ni siquiera has peleado con Ichigo, y no tienes ni idea del potencial del Gotei 13. El tener que pelear conmigo a la primera es una clara muestra de mala suerte. ¿O no?

—Deja ya de parlotear, que parecías más dado a la acción hace rato —le respondió Inuyasha.

Decidiendo que lo mejor era no subestimar el filo del colmillo que Inuyasha llevaba en el hombro, Ikkaku elevó su espada y la vaina, y juntándolas recitó:

Nobiro: ¡Houzukimaru!

Inuyasha vio con asombro cómo la espada y la funda se habían unido y ahora formaban una lanza larga. La lanza parecía simple, pero empuñada por Ikkaku era obvio que no podía confiarse. Bajó a Tessaiga de su hombro y la apuntó a Ikkaku. Pero antes que pudiera decir nada Ikkaku se había lanzado contra él y descargó un rápido golpe sobre Inuyasha.

—¡Inuyasha! —gritó Kagome, preocupada.

Pero Inuyasha bloqueó el filo de Houzukimaru con Tessaiga, y empujándola al frente, obligó a Ikkaku a retroceder. Ikkaku volvió de un salto sobre Inuyasha, que bloqueaba cada ataque. Ikkaku notó que no llegaría a ninguna parte así, de modo que comenzó a usar Shunpo para aparecer más rápido en cada dirección alrededor de Inuyasha, pero este sólo aceleró el ritmo de su bloqueo sobre sus ataques, hasta que…

—Los Shinigami parecen rápidos. Eso vi en Aizen e Ichigo. ¡Pero tú no eres más rápido que ellos! —dijo Inuyasha atacando al fin.

Elevó a Tessaiga sobre él y la jaló hacia abajo, Ikkaku vio el peligro y gritó: —¡Sakero! –y Houzukimaru se convirtió de nuevo en una espada con la funda en ambas manos de Ikkaku.

—Qué listo. Tessaiga hubiese partido tu lanza —le dijo Inuyasha, viendo lo que Ikkaku hizo.

—Ya no habrá más distracciones —sentenció Ikkaku.

Y volviendo su Zanpakutou a su forma de lanza, siguió atacando a Inuyasha, pero este lo evadía retrocediendo. Inuyasha le lanzó un corte horizontal, antes que Ikkaku pudiese alejarse, y éste lo recibió colocando su lanza en un costado.

Pero Tessaiga no partió a Houzukimaru, sino que la lanza de Ikkaku se dobló. Inuyasha pensó que la había partido, pero vio que esta se había dividido en tres partes separadas por una especie de cadena. Y en una de esas partes metálicas era donde había golpeado con Tessaiga.

—¿Ah, sí? –—dijo simplemente.

Y volvió a agitar a Tessaiga contra Ikkaku, aunque esta vez usó más fuerza y atacó por arriba. Ikkaku bloqueó otra vez el filo de Tessaiga extendiendo a Houzukimaru por encima de su propio cuerpo, pero Tessaiga partió la cadena, e Ikkaku se alejó de un salto antes que lo partiera en dos.

—¿Seguimos? —preguntó Inuyasha, viendo cómo Ikkaku se tocaba el rostro ensangrentado y cortado de arriba abajo con la mano que sostenía una de las partes de su lanza rota.

—Bien, creo que no me queda otra opción. ¡Ya lo saben todos! —gritó Ikkaku, dirigiéndose a sus camaradas Shinigami—. ¡No deben decir una palabra a nadie sobre esto!

Los demás se miraron desconcertados, y más cuando al ver de nuevo a Ikkaku, este golpeó los pedazos de su Shikai, y gritó:

¡Bankai! "Ryuumon Houzukimaru!

Ante el asombro de Inuyasha, la lanza de Ikkaku se transformó en medio del polvo que levantaba su reiatsu en dos enormes armas, una en cada mano de Ikkaku, que apuntó con ambas a Inuyasha. La primera era una hoja enorme que terminaba en una letal punta, y la segunda era otra hoja terminada de forma circular. Inuyasha no había visto esos tipos de hojas de ese tamaño jamás. Estaban unidas por una enorme cadena por detrás de Ikkaku, que sonrió orgulloso de su Bankai.

—Comencemos —dijo feliz.

Y se lanzó hacia Inuyasha, que retrocedió para evitar que lo corte en tres cuando Ikkaku agitó ambas armas en contra de Inuyasha al mismo tiempo y desde diferentes lados. Bloqueó una cuando Ikkaku la lanzó con violencia por encima y apartó de un manotazo la otra que quería abrirle las tripas. Inuyasha se vio superado de pronto en ataques que le costaba bloquear a riesgo de quedar descuartizado.

Ikkaku estaba eufórico. Y soltaba palabras y burlas a Inuyasha, que parecía muy concentrado, mientras Ikkaku lo azuzaba con cada sablazo de sus enormes espadas. Inuyasha no había dicho nada, mientras cavilaba su siguiente movimiento.

De pronto Inuyasha hizo algo insólito. Se alejó de un salto de Ikkaku, para evitar una vez más que este lo hiriera de gravedad, y una vez alejado le lanzó a Tessaiga con todas sus fuerzas. Ikkaku la vio venir volando hacia él y en el momento justo la alejó esgrimiendo una de sus espadas, pero luego vio que justo detrás de Tessaiga Inuyasha se había lanzado hacia él. Trató de recibirlo con otro corte letal y certero, pero Inuyasha giró en el aire y, esquivando la peligrosa trayectoria de la hoja por los pelos, gritó:

¡Sankon Tessou!

Inuyasha descargó su brazo derecho con su mano abierta y sus filosas garras en el torso de Ikkaku, del cual de inmediato salió sangre a chorros, de las cinco heridas por cada garra que cortaron su piel y carne como si fueran de papel. Ikkaku abrió los ojos, sorprendido, y cayó al suelo de rodillas mientras Inuyasha lo miraba luego de alejarse de él otra vez, para luego caer de bruces por la gravedad de sus heridas.

—Mierda… creo que se me saldrán las tripas y el sake que me tomé antes de venir… —bromeó Ikkaku antes de perder el conocimiento.

Urahara estaba mirándolo todo junto a los demás, tieso. No sólo la treta que Inuyasha hizo había sido temeraria, sino que pudo acabar en pedacitos y, por un instante, Urahara sintió un poder maligno muy amenazador en Inuyasha, justo en el instante en que éste soltó su espada. ¿Acaso era más fuerte sin ella? No podía decirlo con seguridad. Inuyasha recogió su espada y la guardó en su funda.

Kagome había corrido hacia Inuyasha junto a Orihime e Ichigo. Orihime de inmediato desplegó sus Rikka sobre Ikkaku para sanarle los profundos cortes que tenía en el estómago. A Orihime se le encogieron las entrañas cuando vio que las garras de Inuyasha habían penetrado casi sin problemas la piel de Ikkaku y cómo habían llegado hasta sus órganos internos. Si no se le trataba pronto podría ser grave. De modo que se apresuró en concentrarse y rechazar las heridas.

—Te pasaste, Inuyasha —lo retó Kagome—. No hacía falta lastimarlo tanto.

—Lo sé —reconoció Inuyasha—. Pero algo me decía que si no lo hacía así, él se levantaría de nuevo y el combate no acabaría.

—Conociendo a Ikkaku, es posible —terció Ichigo, agachado junto a Orihime e Ikkaku. Las heridas en el cuerpo del último no eran nada desdeñables según lo que Ichigo podía ver.

—Sé que debería sentirme mal por el calvito, ¡pero me alegro por ti, Cachorrito! —Rangiku estaba a punto de lanzarse de nuevo hacia Inuyasha, pero Toushiro la detuvo sujetándole el Shihakushou. Rangiku suspiró resignada.

—¿Quién diablos eres tú? —le preguntó Toushiro a Inuyasha, entre admirado y desconfiado. Lo había estado observando todo con aburrimiento, pero el combate entre Ikkaku e Inuyasha le demostró a Hitsugaya que no era bueno tomarse a Inuyasha a la ligera.

—Creí que sabías que soy el poderoso Inuyasha —le respondió Inuyasha, haciendo que Kagome, Orihime, Ichigo y Rangiku sonrieran por su descaro.

—Vaya, es bueno saber que estás de nuestro lado —le dijo Toushiro, más tranquilo. Sin soltar a Rangiku observó a Ikkaku. Las heridas estaban cerrando con los poderes de Orihime.

—¿Estos son tus poderes, niña boba? —le preguntó Inuyasha a Orihime al notar mejor l oque ella estaba haciendo. Ella le sonrió.

—Sip. Puedo rechazar casi cualquier evento o ataque y revertir sus efectos.

—Impresionante.

Ikkaku se movió de nuevo dentro del sitio donde Orihime lo estaba curando. Abrió los ojos y miró primero a Orihime arrodillada sobre él, a Ichigo que estaba cerca, a Rangiku que le hablaba algo al capitán Hitsugaya, a Yumichika mirándolo compasivo, y a Kagome, en brazos de Inuyasha que lo miraba fijamente.

—Pocas veces me he encontrado a alguien así. Hasta donde sé, tu leyenda es cierta —le concedió Ikkaku a Inuyasha desde el suelo.

—¡Keh! ¡Claro que lo es! —le respondió él, haciendo que todos los presentes sonrieran una vez más.

—Sin embargo, me encantaría que midieras tus fuerzas con mi capitán —lo tentó Ikkaku, con afán de divertir a la vez que retar—. Yo no puedo compararme a él en ningún nivel, y me muero de ganas de ver cómo pinta el piso con tus sesos.

—¿En serio? ¡Tráelo aquí!

—Inuyasha, ¡Ya no molestes!

Y mientras comenzaban otra discusión Urahara, que tenía a Yoruichi sentada en su hombro, miraba junto a ella con ojos evaluadores a Inuyasha y Kagome, de quien no sabían nada aun. ¿Qué clase de amigos se habían traído Orihime e Ichigo desde la era Sengoku?

—Una batalla espléndida, Inuyasha-san —dijo Kisuke acercándose al grupo, y aplaudiendo. Inuyasha lo miró imperturbable—. Pero me imagino que esos no fueron todos tus poderes.

—Eso no era nada. NADA. Comparado a lo que aun puedo hacer —le respondió Inuyasha.

Por la mente de todos bailaba todavía la imagen de Inuyasha esquivando una rápida y letal estocada y destripando a su camarada. Orihime terminó y se levantó, luego Ikkaku hizo lo mismo.

—Bien, ahora que ya terminaron debemos ver cómo regresar al templo de Higurashi-san —les recordó Urahara mirando alrededor—. Creo que estamos en algún lugar cerca de Tokyo, pero no se ha aparecido un alma en este lugar…

—Le pedí a Tessaiga que nos abra el camino hacia un sitio desierto cercano —explicó Inuyasha—. Ella me lleva donde quiera, mientras esté a cierta distancia de donde estoy yo. No ha podido llevarme más lejos de eso todavía.

Urahara se quedó de piedra. ¿Una técnica capaz de viajar en el espacio? Era la primera vez que veía una manera tan infalible a un salto de distancia. Tenía que saber más.

—Esta espada —dijo Urahara, señalando a Tessaiga—, era, como dicen las leyendas, de tu padre, ¿verdad?

—¿Hasta eso saben? Así era. El viejo nos legó a mí y al idiota de Sesshomaru dos de sus tres katanas —respondió Inuyasha con indiferencia, abrazando a Kagome por la cintura.

—¿Sesshomaru-san?

—Sesshomaru es el hermano de Inuyasha —explicó Kagome—. Él e Inuyasha no se llevan bien.

—¡Keh!

—¿Dijiste que su padre les dejó dos de sus katanas? —intervino el gato negro—. ¿Dónde está la tercera espada?

—Esa estúpida de Sounga —recordó Inuyasha—. Venció su sello de setecientos años hace tres años, e intentó matarnos a Sesshomaru y a mí. Pero logramos mandarla al infierno.

—¿La destruyeron?

—No, Sesshomaru e Inuyasha la mandaron al infierno literalmente —respondió Kagome.

Una vez más los sorprendía el mundo en que esos dos vivían o habían vivido. Y pensar que existían otras dos espadas como Tessaiga era demasiado para la imaginación. Y ni pensar en la leyenda de la espada de Sesshomaru, la cual se decía que provenía del mismo Cielo.

—Para regresar esta vez irás envuelta en esto, Kagome —le estaba diciendo Inuyasha a Kagome, al tiempo que se quitaba el hitoe, la prenda superior de su túnica de las Ratas de Fuego, y se lo colocaba encima a ella. No la sometería otra vez a la tortura de cruzar el Meidou sin protección.

—¡Orihime-chan, tú también! —llamó Kagome a Orihime, que se levantó luego de terminar de curar a Ikkaku y corrió hacia Kagome—. Ambas nos cubriremos con esto.

—¿Nos cubrirá a ambas?

—Yo creo que sí.

—¿Y Rangiku-san?

—No se preocupen —les respondió Rangiku—. Pude soportar el viaje de venida y no pasará nada con el de regreso.

—Bien —dijo Inuyasha, al ver que estaban listos. Desenvainó a Tessaiga, y en sus manos la enorme hoja de la espada adquirió el color más negro con sus habituales galaxias y estrellas en el fondo y, agitándola, aquella medialuna salió de la espada y creció hasta hacerse lo suficientemente grande. Luego Inuyasha guardó de vuelta a Tessaiga en su vaina y se agachó para que Kagome subiera en su espalda. Pero en cuanto ella lo hizo otro peso se añadió a su espalda y alguien comenzó a tocar sus orejas por detrás—. Maldición.

—¿Y cómo esperas que Orihime-chan se cubra con tu hitoe entonces? —le preguntó Kagome a Inuyasha al notar su inconformidad.

—¡Y yo qué sé! Puedo llevarte a ti, traer de vuelta la túnica y…

—No exageres Inuyasha. Sólo serán unos segundos.

—De los más largos —ironizó Inuyasha.

—¿Y tú no dices nada? —le preguntó Yoruichi a Ichigo desde el hombro de Urahara, al ver que Kagome y Orihime iban cómodas en la espalda de Inuyasha.

—Es por su bien —respondió Ichigo—. Si Inoue está más segura así no tengo nada qué decir.

—¿Era para eso? —protestó Rangiku, viendo también a Kagome y Orihime sobre la espalda de Inuyasha—. ¡Yo también quiero ir!

—Olvídalo —le respondió Kagome, sacándole la lengua.

—¡Vámonos! —gritó Inuyasha, y de un salto se lanzó al Meidou.

Al entrar, Kagome sintió el ambiente tan opresivo del Meidou, pero no fue tan grave como la primera vez de hacía unas horas. Supuso que la túnica de Inuyasha la ayudaba. Y al ver a Orihime a su lado la vio consciente, pero extenuada, y miró hacia atrás a donde pronto Ichigo, Urahara con el gato negro al hombro, Matsumoto, Hitsugaya. Ikkaku y Yumichika los seguían. Justo acababa de ver eso y de pronto salió al patio de su casa desde el Meidou y pudo respirar tranquila otra vez.

Al llegar Orihime se bajó con suavidad, y corrió al encuentro de Ichigo que aterrizó cerca —¿Estás bien, Kurosaki-kun? —le preguntó preocupada.

—Claro que sí. Algo como eso no basta para marearme —le respondió Ichigo son una sonrisa que ella correspondió.

—Bien, ¿Alguien más quiere comprobar alguna otra cosa? —les preguntó altanero Inuyasha, luego que Kagome también se bajara y mirando a los Shinigami con sus brazos cruzados.

—Primero ponte esto —le dijo Kagome, colocándole en la cabeza su roja túnica.

—¡Demonios, Kagome!

Todos se echaron a reír, hasta Ikkaku y Yumichika. Toushiro tuvo que mirar a otro lado para ocultar la sonrisa que le asomó. Era imposible que Kagome e Inuyasha no les cayeran bien.

—Pues me gustaría, Inuyasha-san —comenzó Urahara—, que me prestaras tu espada para ver cómo funciona.

Todos dejaron de reír. Inuyasha miró a Urahara impasible, pero le preguntó: —¿Estás loco, verdad?

—Hablo en serio, Inuyasha-san. Si esa técnica de transporte tan conveniente viene de tu era, no es de extrañarse que Aizen y el demonio Naraku hayan desaparecido sin dejar rastro.

La seriedad los golpeó a todos. Urahara podría tener razón. Pero Inuyasha no se lo pondría tan fácil.

—¿Y cómo cualquiera de esos imbéciles podría usar esta técnica, que sólo yo se dominar? —preguntó Inuyasha seguro de sí mismo—. Es imposible que alguno de ellos me la haya copiado.

—De hecho… —Kagome comenzó a atar cabos, recordando con las palabras de Inuyasha que algo así pasó antes—. Naraku la usó contra nosotros. ¿Lo recuerdas, Inuyasha? Shippou-chan vio a Mugen no Byakuya tomar algo de la senda que dejó tu Meidou en el cuerpo de Naraku, y luego me cortó a mí por detrás para que me quedase atrapada dentro del Meidou. ¡Naraku sí tenía un Meidou!

Inuyasha se quedó rígido. ¿Naraku con su Meidou? Aquello había pasado el día que derrotaron a Naraku, hacía tres años.

—Es imposible. —murmuró Inuyasha, colérico.

Todos lo miraban. Ninguno entendía el odio explícito que le tenía Inuyasha a Naraku y cuanto le dolía la idea que éste usara su mayor técnica. Ni tampoco entendieron mucho de lo que Kagome le dijo a Inuyasha. Seguramente sería algo de su pasado, pero Orihime e Ichigo sí que sabían un poco de aquello.

—Mierda…

—Inuyasha… —Kagome lo rodeó con un brazo.

—Si es el caso —dijo Urahara pensativamente. Habló con lentitud—, o Aizen y Naraku combatieron, uno mató al otro, usó el Meidou y desapareció con la Perla. O Naraku y Aizen se mataron usando el Meidou, y destruyeron la Perla junto a ellos. O usaron el Meidou y desaparecieron juntos. Son las tres teorías que se me ocurren —les indicó mirándolos a todos.

—Naraku es bien capaz de engatusar o manipular a Aizen. No me sorprendería —puntualizó Inuyasha.

—Tampoco Aizen es ningún inocente. Él también podría estar maquinando algo o controlando a Naraku como nos controló a todos alguna vez —recordó Toushiro con rencor.

—En todo caso, es importante que nos prestes tu fuerza, Inuyasha-san —pidió Urahara, inclinando la cabeza en dirección de Inuyasha que tenía a Kagome a su lado—. Serías una invaluable ayuda contra cualquiera de los dos, o asumiendo que alguno o los dos sigan con vida.

Kagome le apretó la mano, e Inuyasha, luego de mirarla, dijo:

—Espero que se me acaben los problemas luego de comprobar que esos dos estén bien muertos —dijo Inuyasha mirando a otro lado. Orihime y Rangiku se abrazaron, Urahara respiró aliviado, mientras una sonrisa de satisfacción asomaba en las caras de Ichigo, Toushiro, Ikkaku y Yumichika.

—¿Ahora qué? —les recordó Yumichika.

—Primero que nada, debo desempolvar mi vieja guarida en Tokyo —dijo Urahara—. Luego todos podrán ir allá, y veremos las capacidades de la Tessaiga de Inuyasha, si él está de acuerdo.

—¡Keh!

—¿Kagome? ¡Volviste, Kagome! —era la madre de Kagome, que había subido las gradas desde abajo del templo—. Inuyasha está aquí también, y…

—Demonios —maldijo Ichigo. La señora Higurashi no los vería a él ni al resto de los Shinigami allí.

—Orihime-chan, ¿Nos visitas otra vez? —le preguntó amablemente la mamá de Kagome a Orihime.

—¡Ah sí, Higurashi-obaasama! Buenas tardes.

—¿Dónde está Ichigo-kun? ¿Vino contigo?

—Kurosaki-kun está… está…

Era obvio que la mamá de Kagome no podía ver a la tropa que estaba ahí, todos Shinigami.

—Muy buenas tardes —se adelantó Kisuke a la mamá de Kagome—. Estaba acompañando a Inoue-san, que me habló muy bien de este templo, y me estaba guiando —le explicó.

—Buenas tardes —saludó la mamá de Kagome a Urahara, al que sí podía ver—. ¿Eso es verdad, Orihime-chan? ¡Gracias! —le agradeció radiante la señora Higurashi a Orihime.

—Eh… sí… —le respondió Orihime, algo apenada.

—¿Y tú cuándo regresaste, Kagome? —le preguntó a Kagome su mamá.

—Hace un rato —le respondió Kagome—. Recién acabamos de llegar. Inuyasha y yo quisimos venir a visitarlos.

—Tú quisiste venir.

Una vez más todos sonrieron ante la sinceridad o la boconería de Inuyasha.

Mientras Urahara y Orihime estaban adentro de la casa junto a Kagome y su mamá, pues está casi los había amenazado para que entren, Inuyasha hablaba afuera con el resto de los Shinigami y con el gato negro subido en su hombro.

—Bien, ya comprobamos que no nos supones ninguna amenaza —decía Toushiro, mirando a Inuyasha—. De modo que regresaremos a la Sociedad de Almas.

—¿No les supongo ninguna amenaza?

—Se refiere a que comprobamos que estás de nuestro lado —se apresuró a aclarar Rangiku, mirando conciliadora a Inuyasha, que ya estaba enojándose.

—Dile a Inoue que vendré a por ella luego que vaya por mi cuerpo —le dijo Ichigo a Inuyasha.

—Sí. Esa boba estará bien aquí con Kagome.

—No la llames boba.

—Espero que te prepares, Inuyasha —le dijo Ikkaku, mientras él y Yumichika se alejaban hacia la doble puerta corrediza que salió de la nada y que se abría para darles paso, con cuatro mariposas negras volando sobre sus cabezas—. La próxima vez no te será tan fácil.

—¡Keh! Eso lo veremos.

—¡Espero volver a verte pronto Cachorrito! —se despidió Rangiku, dándole a Inuyasha un fuerte abrazo.

—¡Demonios!

—Pronto tendrán noticias nuestras —le aseguró Toushiro a Inuyasha cuando Rangiku lo soltó—. Detener a Aizen o a cualquier secuaz suyo es prioridad de la Sociedad de Almas.

—Me alegra oírlo.

—Adiós —le dijo simplemente Yumichika e Inuyasha asintió con la cabeza. Y vio cómo los cuatro se metían en las puertas y estas se cerraban detrás de ellos.

Ichigo las miró cerrarse también. Vaya que ese día había aprendido más de sus dos nuevos amigos. Pero otra cosa lo estaba carcomiendo desde que vio a Toushiro y los demás. Kisuke salió de la casa para verlos.

—Urahara-san, a todo esto, ellos no parecían tan contrariados por la ausencia de Aizen en el Muken.

—Ay —suspiró Urahara, viendo venir el momento—. Quizá sea porque hay un Aizen Sousuke todavía preso en el Muken.

Ichigo no se lo podía creer. ¿Cómo era posible? ¡Él había visto a Aizen, todo campante y destructivo en la época de Inuyasha!

—No es obra de su espada —se apresuró a aclarar Kisuke—. Estoy seguro que no ha sido Kyoka Suigetsu la que hace que ese locuaz Aizen esté en el Muken —explicó, con algo de pesadumbre. —Pero nos ha imposibilitado mover más planes. Ya sabes cómo es la gente de la Cámara de los 46.

—¿No han aprendido hasta ahora que no siempre tienen a razón? —se enojó Ichigo, pensando con rabia cómo podía ser posible tanta necedad. —Yo vi a ese infeliz. ¿Está vivo y coleando allí afuera y se quedarán como si nada?

—Comprendo tu rabia, Kurosaki-kun —concedió Kisuke. —Pero aún así, ni siquiera luego de las crisis por las que hemos pasado, podemos desafiar a los que rigen la ley —Ichigo escupió con rabia, un mal habito que le pegó una mala influencia—. Pero no creas que no estamos haciendo nada. Estoy coordinando el curso de acción con el Capitán Kyouraku.

Ichigo miró fijamente a Urahara y vio que era verdad. Al menos no estaba todo quieto y girando como si nada ante la amenaza que tenían encima. Respiró con más calma mientras Inuyasha lo miraba con curiosidad, sin decir nada desde que los Shinigamis se fueron.

—Yo también me voy. Luego regreso por Inoue —le recordó Ichigo a Inuyasha, decidiendo que sería lo mejor por ese momento.

—No te tardes —le respondió este, mientras Ichigo se alejaba de un salto en la noche que empezaba a caer. Inuyasha se quedó solo con el gato y Urahara.

—Te voy a presentar al gato de la casa. Buyo tiene la cara muy graciosa y de seguro le caes bien.

—Ya veremos —le respondió el gato.

Entraron a la casa e Inuyasha fue directo al comedor. La mamá de Kagome hablaba de cualquier cosa con Orihime y Kagome, que estaban sentadas una cerca de otra y reían de rato en rato, sabría Dios de qué. Inuyasha se sentó en el suelo y bajó al gato de su hombro.

—Eres un gato muy divertido.

—Y tú sí que sabes dónde poner tus manos —le respondió el gato, haciendo que Orihime y la señora Higurashi los miraran, y que Urahara escupiera la bebida que acababan de pasarle. Inuyasha había estado haciéndole cariños y mimos al gato, arrancándole ronroneos.

—¿En serio? Me lo han dicho antes, pero es la primera vez que un gato me lo dice. Debe ser verdad —le respondió Inuyasha con orgullo, totalmente ignorante de a quién estaba tocando y que de pronto Kagome estaba roja como un tomate.

—También es la primera vez que veo un gatito parlante. ¿Eres alguna forma de Youkai? —le preguntó Kagome al gato, tratando de ignorar su vergüenza con las palabras de Inuyasha.

—Él es… —Orihime no sabía cómo responder. Si lo hacía con sinceridad Inuyasha moriría, pues de seguro Kagome lo mataría al enterarse que todo el día él estuvo acariciándole el cuerpo de gato a una belleza morena.

—¡Mira la hora! Ya debemos irnos. Muchas gracias por su hospitalidad Higurashi-san —dijo atropelladamente Urahara. Y antes que nadie dijera nada más, tomó al gato de entre las manos de Inuyasha y echó a correr hacia la salida—. Inoue-san, Kurosaki-san vendrá pronto por ti. Inuyasha-san, mañana hablaremos.

Y Urahara salió disparado.

Inuyasha estaba desconcertado pero no dijo nada. Orihime estaba algo apenada, pero Kagome estaba lívida, aunque no dijo una palabra. La señora Higurashi tampoco dijo nada del significado oculto en las palabras del gato que todos habían notado, pero que Inuyasha no.

Luego de un rato Ichigo regresó, con su cuerpo humano, y la señora Higurashi lo obligó a entrar y a cenar con ellos. Dada la ocasión hizo sukiyaki, algo que a Inuyasha le encantaba por la cantidad de carne que tenía. Y al terminar charlaron un rato más e Ichigo y Orihime decidieron marcharse.

—Mañana también estaremos ocupados, Higurashi-obaasama. Pero ya que hemos venido otra vez lo haremos más seguido —le aseguró Orihime a la mamá de Kagome mientras se despedían en las gradas del templo afuera de la casa.

—Bien, porque el abuelo y Souta no estaban hoy y les hubiera gustado verlos —les aseguró la señora Higurashi, mientras Kagome los despedía agitando la mano e Inuyasha estaba apoyado en el tronco de un árbol con los brazos cruzados y los ojos cerrados.

—También nos hubiera encantado verlos.

—Nos vemos. Bye bye —les dijo Kagome.

—Hasta luego, Kagome-chan. ¡Nos vemos Inuyasha!

—¡Keh!

Ichigo y Orihime bajaron hasta debajo de las gradas a la calle y tomaron un taxi, que les costaría mucho. Pero no tenían de otra porque ya no había trenes a esa hora. Y más tarde, luego de dejar a Orihime en su apartamento, Ichigo pudo volver al suyo para por fin poder descansar en su propia cama.

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